lunes, 3 de noviembre de 2008

Y en 2013, ¿qué?



Por Antonio Runa

Cuando te metes en esta clase de proyectos no piensas en lo que harás al cabo de cuatro o cinco años. ¿A quién le importa? Lo cierto es que sueles ser modesto, como en nuestro caso, y no piensas durar tanto tiempo como para que el nombre suponga un problema a largo plazo.
Parece que el 2012 será un año a tener en cuenta, aunque ya parece que habrá años durillos antes de que éste llegue. La cuestión es que ya hay gente preguntando qué pasará con el nombre de la revista cuando llegue el 2013. Por Dios, no creo que esto siga funcionando de esta manera durante tanto tiempo. No puede irnos tan bien. A pesar de lo estupendamente que nos están tratando, de las amistades ganadas en tan poco tiempo, de la experiencia enriquecedora que está resultando ser en estas semanas; a pesar de todo, insisto, no creo que dure cuatro años y pico.
Toda esta historia me recuerda a un cómic de Toutain Editor que me enseñó a hacerme mayor, con historias de la más cruda e imaginativa ciencia-ficción de los 70-80, llamado 1984, que a finales de ese año ya se encontró con un dilema semejante. ¿Cómo seguir con una publicación llamada 1984 en 1985? Aunque les ayudaron sus propios lectores a desembarazarse del problema, ellos mismos le echaron algo de imaginación, y 1984 acabó convertido en Zona 84, casi lo mismo, pero distinto.
Mierda, yo no pienso pasar por eso. Lo juro. Prefiero “loquesea”, antes que Nexus XIII o Nexus MMMXII o qué sé yo. Prefiero irme de este proyecto y formar otro llamado “loquesea”. Seguramente, de durar tanto tiempo, esto ya no sería lo que es ahora mismo, y sería un “loquesea” de tres al cuarto, con muchos “cualquiera” escribiendo “loquefuera”. Lo que, dadas las circunstancias, sería un éxito sin precedentes. Y es que, si esto llega a cumplir tantos años, no creo que sea posible sin la ayuda de fuerzas exteriores, quizá exclusivamente exteriores, que incluso sean exteriores de verdad, osease, exteriores-exteriores con un par, a lo cual, feliz, feliz en tu día, amiguito que Dios te bendiga, que reine la paz en tu blablabla y que todo eso y tal.
Para entonces, creo que mi proyecto de volverme loco ya habrá surtido efecto. No a la manera de Howard Philip L, pero parecido.
Pensándolo bien, ni siquiera por ésas.
Bueno, ya hablaremos del peluquín. Todavía queda un ratillo.