domingo, 23 de noviembre de 2008

DESTRUYENDO MITOS


Por Antonio Runa

Cada cierto tiempo, cuando nuestros propios avances nos ralentizan por el principio básico de que es más difícil progresar cuanto más lejos vas llegando, se hace necesario reinventarlo todo desde el principio.
De la misma manera que el mito 007 fue recreado a través de una destrucción absoluta de todos y cada uno de sus pilares básicos con la apertura de la nueva etapa, con Daniel Craig en la piel del agente secreto inglés (parece que ya nadie se acuerda de las feroces críticas que recibió antes del estreno de Casino Royale). Allí murió gran parte del machismo del célebre hijo de Ian Fleming, por no decir todo, esa chulería snob, el uso de tecnología absurda, sus indestructibles peinados pijoteras, sus atolondradas acompañantes adictas al descoque accidental y, gracias a Dios, sus lapidarios chistes facilongos. También es verdad que Bond, James Bond, le debe dar unas cuantas palmaditas en el hombro al amnésico Jason Bourne, o como se llame en realidad, que ni él ni yo nos acordamos; pues la presentación del apasionante mundo del espía desde una visión actual con ciencia y ficción pero sin ciencia-ficción vino de la mano del personaje de Matt Damon, y ahora parece impensable tratar esa temática de otra forma que no sea ésa.
Y yo lo siento por los fans de Connery, pero yo ya tengo Bond favorito, y no es el inolvidable Sir escocés.
Pero no voy a hablar de eso, o no quería, al menos. Pero supongo que es necesario empezar con algo comprensible antes de ponerse algo más incomprensibles.
Nos hace falta destruir ciertos mitos ya rancios y abolengos de los que creemos ser partidarios incondicionales (es extraordinario lo fácil que es sorprendernos viéndonos ser infieles a iconos que creíamos sagrados), cuando éstos ya no dan más de sí, aunque queramos, y su perfeccionamiento empieza a brillar por su total ausencia. Y con esto no quiero dar a entender que haya que ser desleales por naturaleza, que ciertas deslealtades son necesarias para el prosperar y el no degenerar del individuo, mas es bien sabido que se muere cuando no se evoluciona, sin obviar que muchas veces no es momento aún de evoluciones y que ciertas de éstas son la muerte. Con medida, todo acaba viniendo bien, ya sea carne o pescado. Que muchos médicos aseguran que para la comida una copa de vino durante, y un cigarrito después, ayudan a hacer bien la digestión, pero no sirve de excusa para pillarse un ciego de tinto o fumarse hasta el filtro un paquete diario. Pero todo vale como un excusa para muchos que todos nos sabemos.
La creación mediante la destrucción previa es motivo de reflexión, para determinados casos que han topado con callejones sin salida, más no como mecánica de trabajo habitual. Sean cuales sean esos trabajos.
Porque no todo lo clásico perdura siendo igual de bueno (que hay clásicos de su tiempo que han envejecido pero que muy mal), y nada y nadie puede presumir de ser eterno e incombustible, pues estos últimos adjetivos son definitivos de lo vil e imperfecto.
Por tanto, bueno es derribar para reconstruir, cuando se debe. El problema está en saber cuándo y cómo.
Al menos con el gran bebedor de martinis con vodkas agitados pero no mezclados, el reseteo le ha venido bien. Otra cosa es que dure más allá de una trilogía, bien porque pierda el norte, o bien porque al Sr. Craig no se le vea mucha cara de querer seguir al servicio de Su Majestad por mucho tiempo.
Pero tenedlo claro, amigos, esta entrada no habla de James Bond.