Por Miguel Ángel MacaEl equilibrio en la naturaleza está presente en todos sitios y se torna en acontecimiento cuando la balanza se inclina hacia una de las partes. Se siente, se comprende más o menos y se acepta en mayor o menor medida el lugar que a cada cual le corresponde; o al menos así se pretende que sea. Es anhelo de muchos hombres comulgar con el entorno y pocos los que logran alcanzar el valor para intentarlo, ya que mover masas no es un don gratuito ni exento de riesgo.
Uno de los grandes impedimentos que nos aleja de conseguir el codiciado bienestar, es la continua lucha entre lo que dictan los cánones y lo que nos dice el sentido común que tan olvidado tienen muchos autoproclamados pastores.
Tiempo hace que añadimos a la sencillez del cuerpo, algo tan etéreo como un alma y complicamos la existencia desencadenando una lucha entre estamentos por hacerse con su control. El maestro Stephen King, tan visionario como escritor, ya lo relató en su particular Apocalipsis, describiendo la lucha entre el bien representado por la madre Abigail en su desesperación por reclutar el mayor numero de almas en su bando, y las fuerzas del mal continuamente tentadoras por sondeos telepáticos; vamos, el típico lavado de coco al que todos nos hemos enfrentado.
Nuestros dirigentes políticos imponen con legislación incomprensible, pudiendo nuestra fuerza del voto en las urnas apartarles del camino como castigo a sus nada acertados gobiernos.
Pero hay un grupo de poderosos que instaurados en el plano espiritual, proponen y disponen de legión de seguidores que vetados en su elección, nada podemos hacer por recordárles que magnificados representantes de Dios en la tierra son ante todo humanos, pudiendo estar tocados por los tentáculos de la soberbia y confusión en decisiones.
Yo, pecador en mayor o menor grado, y no estando sujeto a voto de obediencia alguno que como cláusula de un contrato seria declarada en fraude le ley, dirijo a sus Excelentísimas y Reverendísimas personas esta entrada, con el respeto que predican en un quien a hierro mata a hierro muere, convencido de que cada vez más alejados del pueblo, sentados en el trono del ostentoso mandato, no ven lo que en estos tiempos se demanda a la iglesia.
No basta con pedir perdón una y mil veces, sin la apreciable compañía de un cambio en la actitud. El error del que se arrima al árbol que mas cobija es terminar contagiándose de su pretensión, olvidando a los católicos de otros signos que vemos como acaban con vocaciones y leyes por y para la ciudadanía. De esta forma evitarán declaraciones de Su Santidad como las de en su visita a Francia en las que proclamaba que un Estado laico puede estar integrado en el cristianismo, mientras carga contra España de la forma que lo hace.
Nuestra penitencia por su incompetencia nos convierte en aquellos primeros seguidores de la señal del pescador, perseguidos e incomprendidos cuando manifestamos que vamos a misa. Y lo peor de todo es que los romanos que nos rodean demuestran la acertada cordura que nosotros acotamos entre un dogma y una fe que se desmorona.
Muy de cuando en cuando surge un personaje que por su carácter emprendedor, y tomando la iniciativa del compromiso, torna su sencillez en liderazgo convirtiéndose en espejo de todos e inquietudes de algunos. El peligro del eclipse inexplicable en siglos de construcción de catedrales por los tuertos en reinos de ciegos, se cierne de nuevo sobre cabezas en temores de penumbra por la aparición de una luz de brillo diferente.
Luís era el cura en la ermita de San Isidro en Alcalá de Henares y con trabajo y empeño consiguió volver a llenar la casa de los agricultores que erigieron en templo en medio de eras de pobreza y jornadas al sol. Hoy me entero que Luís ha sido trasladado por decisión de estamentos superiores, a una localidad cercana pero suficientemente distante para cortar de raíz los lazos con su ya antigua parroquia.
El secretismo del circulo cerrado del Ministerio del alma, funcionando a la perfección desde hace siglos, no es capaz de emitir comunicado alguno o enviar emisario que explique tan poderosas razones para privarnos a los fieles militantes de base, de la palabra, pausas reflexivas , sencillez, ceremonias participativas y disfrute del gran orador y transmisor que es nuestro compañero. Prueba del cariño que nos dio, fue la multitudinaria despedida que se hizo en su honor, de la que sus jefes se habrán informado por los periódicos locales.
No conseguí despedirme al no enterarme, lo que demuestra y honra una vez más su personalidad por el hecho de irse sin hacer mucho ruido.
El contar su legado e historia evitando el olvido buscado por quienes dirigen los hilos de sus trabajadores aplicando el extraño perdón que demuestran, es trabajo y obligación de los que le conocimos y no olvidaremos.
No me conformo con la explicación de una decisión de la curia acatada sin más.
Pensad que los hombres sencillos que durante días aprendieron de cautos y pecaron de confiados, saben guardar un secreto sin confesiones de por medio.