
Por Antonio Runa
Habitualmente suelo encontrarme, hablando sobre todos esos temas relacionados con el misterio, con gente que está situada en los más lejanos extremos de la cuerda, y que defienden sus criterios con toda la cabezonería y testarudez de la que puede hacer gala una persona. O se lo creen todo, o nada de nada. Y me he visto reflejado a mí mismo en un punto vago e indeciso, que no sabría definir como de escéptico o justo lo contrario.
En determinados foros donde se habla sobre misterios y enigmas se me toma habitualmente por un incrédulo que contradice y refuta todos y cada uno de los planteamientos. Alguien incluso polémico, porque cuestiona incluso a los grandes impulsores y maestros del medio. Basta con que digas que la psicofonía “No hay nadie” del eminente y prestigiado Sinesio Darnell tiene un tono y timbre de voz muy parecido al del propio investigador, pasado eso sí por algún filtrillo que otro, para que los seguidores del misterio más recalcitrantes se te echen encima como lobos furiosos. Aunque también es cierto que en otros foros simplemente se me ha ignorado y han seguido dialogando sobre otras cosas.
El simple hecho de que Darnell admita que se deshace de todas sus parafonías, porque le importa más el método de obtención que el contenido mismo que graba la causa paranormal (y lo hizo en un breve documental que después fue incluido en una tertulia donde se trataba el tema de las psicofonías en el programa La Otra Realidad, del profesor Jiménez del Oso, así como en un programa dedicado a la transcomunicación instrumental en una etapa pasada de Espacio en Blanco), ya me rechina sobremanera. Es como confesar que se ha demostrado éste u otro experimento, pero después se desechan las pruebas. Luego, claro, se cuestionan varias hipótesis, entre ellas el origen psíquico del propio investigador como explicación al fenómeno, gracias a que la prueba del “doble ciego” obtuvo resultados positivos. Pero yo jamás he escuchado psicofonías que hayan sido presentadas como grabaciones logradas mediante este experimento. También he escuchado, y hasta la saciedad, que se han grabado voces psicofónicas en jaulas de Faraday y de vacío, que deberían haber dejado contenidos de gran limpieza auditiva, pero nunca se hacen públicas.
Al final, resulta que se han hecho un sinfín de experimentos con resultados satisfactorios, y que tiran por tierra las teorías que no tengan que ver con aquellas que afirman que las psicofonías son las voces de los muertos o de seres de otras dimensiones, pero las voces que nos ponen son siempre las mismas. De hecho, yo llevo oyendo veinte años las mismas psicofonías que ya llamo “de toda la vida” (y el resto, simplemente me parecen fraudes). Y me da igual que sea el gran Sinesio Darnell, a quien por otro lado respeto profundamente, el que diga que grabó psifonías en éstas o aquellas condiciones; yo sólo me creo las cosas cuando además de contármelas, me las demuestran. Lo que ocurre es que muchos de los seguidores del misterio ya se creen cualquier cosa que diga el gran profesor Fulano de Tal o el admiradísimo doctor Mengano de Pascual.
Con esto (y seguiré con esta cuestión en próximas entradas), sólo pretendo insistir en lo necesario de un criterio un poquitín más incrédulo en la mayoría de los aficionados al misterio. Casi tan necesario como un criterio un poquitín menos cuadriculado y de mente abierta a los escépticos declarados.
El juicio más acertado, por puro objetivo, suele ser el más equilibrado. Porque el mundo no es blanco o negro, sino que se mueve en una amplia gama de grises.
Este anexo corresponde a la revista de misterio Nexus MMXII: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm