lunes, 10 de noviembre de 2008

¿REDENTOR, quizá, o AZOTE DEL MUNDO?



Por Antonio Runa

Existe un personaje que me atrae particularmente; en unos meses ganará popularidad cuando vea la luz la adaptación cinematográfica de cuya obra forma parte. No será el que gane más notoriedad, pues hay otras firmas de mayor calado en la misma historia, pero será el personaje más cuestionable. O debería serlo, pues, aunque tengo la sensación de que para el Gran Público no será más que “el malo de la peli”, es, filosóficamente hablando, incierto tacharle de villano.
Su nombre es Adrian Veidt, y no diré el alias por el que será más recordado, para no arruinar finales imprevistos a los menos frikis. Deciros que es un hombre que cree firmemente que el fin justifica los medios. Y que si son necesarios sacrificios, se hacen y punto.
Lo que me lleva a preguntarme qué clase de persona soy yo. ¿Realmente creo que el fin justifica los medios? Pues la verdad, no lo sé. Sobretodo cuando hablamos de poner soluciones a problemas serios. Hablo de mafia, corrupción política, narcotráfico, terrorismo o conflictos armados, entre otros muchos. Hablo de esas lacras imposibles de erradicar del mundo por medios convencionales, pero ante las cuales no se debe dejar de combatir.
Veidt consigue lo imposible a través de un plan impensable. Le quita la vida sin dudar a compañeros y amigos, amén de varios miles de personas en una ciudad importante. Le duele hacerlo, pero lo hace de todos modos. Porque es necesario para que su plan surta efecto.
Logra que todas las naciones del mundo se unan. Así de simple. Todos los gobiernos del mundo se dan la mano sin excusas ni excepciones. Juntos ante una amenaza exterior, muy superior a ellos mismos por separado.
A menudo, la aparición de un enemigo común es la mejor forma de que rivales ancestrales pacten la paz entre ellos.
Pero Veidt se inventa un enemigo inexistente. Une a todos los países del mundo contra una ilusión.
Los convence con la sangre de trescientas mil personas. O quinientas mil, quién sabe, ¿cuántas personas muertas son la mitad de la población de Nueva York?
Crea un horror, para salvar al mundo.
No sirvió para nada, pero imaginaos que lo de las Torres Gemelas hubiera servido para imponer la paz en el planeta: ¿Hubiera valido la pena estrellar esos aviones? ¿Matar a todas aquellas personas, para salvar a todas las demás?
Pensadlo bien, sin precipitaros.
Yo no lo tengo nada claro.
Si todo sigue igual que hasta hoy, seguirá habiendo lacras y muriendo miles de personas al año. Aunque, por otro lado, ¿quién nos da derecho a ser Dios para decidir quién es sacrificado y quién salvado?
Adrian Veidt asume la responsabilidad. Y vive atormentado el resto de sus días como redentor y asesino de masas. Una máscara difícil de llevar.
En cuanto a vosotros, sólo tenéis que preguntaros una cosa: Si no tuvierais otra elección, qué haríais, ¿sacrificarías a vuestro ser más querido para salvar al resto de la Humanidad, o sacrificarías al resto de la Humanidad para salvar a vuestro ser más querido?


Este es el blog de la revista de misterio NEXUS 2012: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm