viernes, 7 de noviembre de 2008

¿Días contados?


Por Antonio Runa

Voy a contaros algo que quizá no debiera: Nunca jamás he sentido ninguna simpatía por ningún político. Ni de éste, ni de ningún país. Soy incapaz de votar a un partido y, de hecho, jamás he usado mi derecho al voto porque, entre otras cosas, mi voto vale demasiado para regalárselo a cualquiera. “Para que no gane ése o aquél”. Ésa filosofía es la que he visto a mi alrededor demasiadas veces. No se puede votar al menor de dos males. Votar para quitarle el poder a otro, aunque el siguiente no logre seducirte.
Mi regla de oro es: Si no estoy totalmente convencido, yo no voto ni a brios.
Yo soy de los que votaría a una buena idea. A un concepto. También votaría a una persona. Alguien que consiguiera transmitirme algo.
Pues bien, ahora que todo el mundo habla sobre él, debo decir que el hombre del momento tiene algo. No sé qué es, pero el bueno de Barack tiene un donaire que me convence. Puede que luego resulte ser otro presidente de los EEUU más, con sus guerras por aquí y sus chanchullos por allá, pero, de entrada, ha sido la única persona que me ha motivado a votar. Desde que hace treinta y cinco años mi santa madre me sacara de su interior, es la primera vez que esto me ocurre. Pero claro, en esas elecciones yo no tenía mucho que decir.
No me importa que Barack sea masón, primo en noveno grado de Brad Pitt, de origen musulmán o miembro del club de fans del puto general Grievous. Transmite. Y sólo por eso, puede que “casi” crea en él.
Otra cosa es que dure mucho en ese país, el más avanzado y retrasado que existe. El más abierto y el más cerrado. Donde una minoría puede anteponerse a una mayoría (aunque bueno, eso pasa en todas partes). Donde todo hijo de vecino puede tener un rifle, una ventana y un dedo que dé un gatillazo justo cuando un descapotable presidencial pase por debajo. Un país de capuchas de cono y cruces ardiendo. Y fue allí donde un tal John Fitzgerald quiso cambiar demasiadas cosas entonces, y el tal Barack pretende continuar la misma senda ahora. Una senda que conduce a un callejón sin salida (aunque hay muchos caminos para llegar al mismo sitio).
Aunque, es posible, no esté tan interesado en cambiar tantas cosas, después de todo. Sería lo más normal. A fin de cuentas, al margen del color de su piel, no deja de ser presidente de los Estados Unidos, ¿no?
Lo bueno sería que realmente fuera un idealista, que se creyera sus lemas y que, con esto, hubiera en breve muchas, muchísimas balas con su nombre. Significaría que realmente está cumpliendo su palabra; que realmente está cambiando el mundo. Pero, siendo realista, y sabiendo a qué especie animal pertenezco, supongo que de ser así, este tipo no presentará su candidatura en 2012. Por no hablar de dar por cumplido su segundo mandato en 2016.
Ahora mismo, la profesión más peligrosa del mundo es ser miembro del Servicio Secreto. Esa clase de gente que, se supone, deben interponerse en las trayectorias de algunos gramos de plomo que viajan por el espacio a 900 metros por segundo. Esas personas van a tener mucho trabajo en los próximos (de momento) cuatro años. Porque incluso siendo un fraude, no deja de ser negro. A algunos francotiradores les vale con eso.
De verdad, ojalá me equivoque. Porque soy víctima de ese síndrome de Mulder que nos vendría tan bien se extendiera por todo el mundo: Y es que, necesito creer.
Obama me parece una excusa tan buena como cualquiera.


Este anexo corresponde a la revista de misterio Nexus MMXII: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm