
Por Antonio Runa
Os seré sincero. Yo y mi compañero Miguel Ángel Maca, somos los chicos nuevos de la clase. Pero ya hemos estado en otros colegios parecidos a éste. Se “enseñaban” en ellos diferentes asignaturas y los alumnos que acudían a ellos no tenían nada que ver con aquellos con los que nos codeamos ahora. O empezamos a codearnos.
La historia ya me la sé, por ello no voy a meterme muy de lleno en estos asuntos, la verdad. No me apetece ser el tipo al que la gente señale dentro de algún tiempo, con o sin razón (y en el supuesto de que sea con razón, a saber qué razones son ésas).
Las tribus formadas por minorías son las más interesantes, pero todas ellas tienen los mismos principios. Están divididas en pequeños grupos, incluso pequeñas élites, y existe siempre un gangsterismo imposible de obviar, que logra amargarte la vida cuando te ha obligado a tomar partido. Yo esta vez preferiría no elegir bando, pero al final, y lo sé por experiencia, las circunstancias te fuerzan a ello. En el ajedrez no hay ni intermediarios, ni piezas neutrales. Da igual cuál sea tu rango, o eres de un color, o eres del otro.
Este “colegio del misterio” tiene el mismo mecanismo que una tribu urbana en una gran ciudad.
Lo que ocurre es que en este mundillo las grandes personalidades están ataviadas con largos historiales, diplomas universitarios y rangos eminentes. Pero las riñas del patio son las mismas en este colegio, que en cualquier otro. Probablemente sean riñas menos evidentes, pues no hay revolcones por la arena y nadie se agrede físicamente (a no ser que caigas en algún plató de televisión con un energúmeno padre Apeles, o algo así). Pero todo el mundo tiene algo despectivo que decir de éste o de aquél.
Ya en el primer día de clase me encuentro con gente que dice: “No te fíes de ése de ahí”. Con o sin pruebas. Y las reputaciones de determinados alumnos son muy distintas, dependiendo de a quién preguntes. Los grupos están bien definidos. La unidad es casi nula. El amiguismo es moneda de cambio en cada aula, pero nadie te promete nada eternamente. Tu compañero de pupitre bien puede airear tus secretos en el peor momento, si decides contárselos, claro.
En este ambiente ya detecto ciertos grupillos que se mueven con una filosofía casi sectaria.
Supongo que debe ser así. Incluso es más emocionante que sea así. Debe ser por esa adicción al morbo que, en mayor o menor medida, todos los que estamos en este colegio tenemos, lo admitamos o no. Es infantil, desde luego, pero yo siempre he tomado el término madurez como otra leyenda urbana más.
Afortunadamente yo ya sé qué asignaturas voy a desechar, cuándo voy a hacer novillos y cuáles son los exámenes que me interesa aprobar.
Mucho de todo esto puede venir por una de las entrevistas que se publicaron en nuestra revista Nexus MMXII en el número uno (más que por el contenido de la entrevista, por quién era el entrevistado), y otra que se publicó en el número dos (por el contenido de la entrevista, más que por quién era el entrevistado, que en todo caso, también).
Como suele decirse: “A mí que me registren”.
Este blog es un tentáculo de la revista Nexus 2012: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm