domingo, 30 de noviembre de 2008

¿BUENOS DÍAS?

Por Miguel Ángel Maca

El gato estaba especialmente juguetón, cuando legañoso y con chancletas, abrió la puerta del salón.

Tomó la decisión de aislar al felino en cómodo presidio de cojines, televisión y calefacción central, para evitar, en un ataque de locura programada, acabar con la séptima alma del maniático que afilaba sus uñas desperezadamente en el sillón que tenía en la habitación; los hilos blancos colgaban heridos haciéndose notar contrastando con el aterciopelado color rubí en que se sentaba a ponerse los calcetines, cuando no estaba lleno de ropa amontonada y lista para el remojón en suavizante.

Misi, era un callejero rescatado de un saco, que en dirección a la presa llevaba la señora María en la mano, para una vez más terminar con la camada de la gata parda, que ligera de cascos, gustaba de salir por las noches sin importarla encontrar por compañía aristogato o habitante del arrabal.

Mientras el dueño lo miraba pensando en que el sobrepeso de la buena vida se acomodaba bajo un pelaje brillante y salpicado de rayas oscuras, la mascota se divertía con algo entre sus patas delanteras, estirado y volteándose sobre los lomos, en actitud tan simpática que invitaba a la imitación sobre la placentera tarima.

Esbozando una sonrisa volvió a encerrarlo y presto comenzó el rutinario aseo.

Durante el ceremonioso y sosegado cepillado de dientes, que tiempo habría de correr en el trabajo, en vez de mirarse durante interminables minutos al espejo y huyendo de la obsesión con la imagen aceptándose tal cual, le gustaba reflexionar y trazar el plan de ataque a la jornada mientras la mano, ajena a reuniones del mando táctico, ejecutaba ordenes precisas del dentista.

La semana anterior había leído en una revista un articulo titulado "10 claves para ser feliz” y ya que era imposible dedicar tiempo al descanso y hacer el amor regularmente, planificaba minuciosamente salidas con amigos, visitas al cine o paseos por el campo.

Embadurnado en espuma de afeitar acompasaba el paso de la cuchilla, ahora perfilando la perilla, con un canto gutural en desafiante atentando contra la métrica musical.

Con media cara rasurada, se preocupó por un detalle escapado a la conciencia y que ahora amenazaba su felicidad, repasando la primera instantánea del comedor.

¿Con que estaba jugando el gato?

Apresurado, se asomó, y la imagen de frágiles huesos rotos a merced de peludos puños golpearon el más que nunca etéreo buen humor.

El hámster había escapado de su jaula rodante y blanco de pelo, fue diana, delicia de juegos y objeto del indomable instinto de la que creía inofensiva mascota.

Masajeando en círculos sus ojos y con media cara escondida tras color de mimo, decidió sin más acostarse de nuevo en previsión de no tener que arrepentirse de nada más en el transcurso de la fecha, convencido de que hay mañanas en que es mejor no levantarse.

Dura lección, que por ser la victima un roedor esconde el olvido del humano, exculpa al asesino y homenajea al pobre animal que se enfrentó a un gato sin la menor de las posibilidades, por culpa de un sillón y poniendo de relieve la incontestable verdad como es que, disgusto de los unos provoca delicias de los otros.

Amo y mascota durmieron placidamente hasta el siguiente amanecer, más contentos que el que lo hizo eternamente.

Nadie dijo que la ley del más fuerte, no fuera una jodienda.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Voy a matar a una persona



Por Antonio Runa

Todos llevamos un asesino dentro. Todos somos psicópatas. Del mismo modo que la fidelidad es una simple cuestión circunstancial, el instinto asesino puede aflorar más fácilmente en unas personas que en otras, pero a todos, si nos aprietan las tuercas, se nos puede llevar hasta el homicidio voluntario.
Quizá por eso la serie Dexter, que hace no demasiados años habría levantado polémicas en todo país donde se emitiese, hoy día casi pasa desapercibida. Porque hay una mayor aceptación para esa exhibición de principios. Porque vivimos el gran tiempo de los antihéroes.
Seamos sinceros, la justicia no es tal, las leyes no son capaces de dar su merecido a determinados criminales. Los chicos malos campan a sus anchas en nuestra sociedad dócil y consumista, donde nadie se mete en los problemas de nadie. No hay paladines anónimos que le den su merecido a los elementos desentonados de nuestro supuesto mundo civilizado.
En ocasiones, me veo a mí mismo planteándome si sería capaz, si no desistiría a mitad de camino, si abandonaría. En el caso hipotético de que esas personas a las que detesto profundamente, por muchas y poderosas razones, acabaran en una camilla, inmóviles y amordazados, después de soltarles mi coloquio, mi discurso de justiciero, de hacer entender a mi futura víctima que está en esa situación por un buen motivo, que el acto en sí no es más que un mensaje, en ese caso hipotético, como digo, ¿sería capaz de torturar y finalmente quitar esa vida? Y sopeso todas mis actitudes, mi gran empatía por el género humano y mi exceso de emoción en prácticamente todas las empresas que decido acometer en la vida. Soy demasiado humano, supongo. Pero hasta con ésas, sin necesidad de ser un psicópata, se puede ser un asesino en serie, se puede ser un Vigilante (enmascarado o no), se puede tomar revancha hasta las últimas consecuencias.
¿O no?
¿Cuántas veces hemos querido matar a alguien por esa jugarreta que nos ha hecho con el coche? Teníamos el ceda el paso, ha sido él quien ha cometido la infracción, y encima nos ha amonestado con el claxon. Ha profanado nuestro único templo de plena libertad, el único lugar donde nuestra palabra es ley y última, nuestro diminuto reino aislado y personal. Por ello, algunas personas se transforman al volante. Es la oportunidad en su día a día de ser ellos mismos. En ningún otro lugar pueden liberarse de mejor manera. Y que venga otro a violar su lugar de poder…
¿Cuántas veces hemos querido matar a algún superior? Esos jefecillos que se creen capitanes y no pasan de sargentuchos chusqueros. O los que anidan en las altas esferas y nunca se manchan las manos estrechándonoslas. Esa sensación que se apodera de nosotros cuando nos hablan de esa manera altiva e improcedente. Y nos vemos con sendos cuchillos, revólveres de alto calibre y hasta motosierras, seccionando y desgajando esa soberbia prepotente y rebajando su condición hasta lo más bajo. Teniendo poder sobre sus vidas y muertes.
¿Cuántas veces, escuchando las noticias que hacen referencia a redes de pornografía infantil, hemos querido rodear con nuestras manos los cuellos de esos pederastas infames? En la sala de nuestra imaginación se ha proyectado una película protagonizada por nosotros mismos y esos depravados que violan críos. El atrezzo es simple, paredes cubiertas de plásticos, una silla con correas, cinta aislante, guantes de látex, indumentaria de operación y una maletín lleno de instrumentos de cirugía. Puede que una cámara de vídeo (depende de lo furiosos que nos pongan esas noticias y lo retorcidos que seamos).
Pero luego se nos pasa. Seguimos con nuestra existencia, vulgar y mediocre, quizá, pero nuestra. Hacemos tiempo hasta la siguiente vez que tengamos que soportar otro chaparrón y reprimamos nuestros instintos homicidas. Por ello, algunos nos sentimos identificados con ese forense del Departamento de Policía de Miami, el mismo que elige a aquellos que quedan por encima de las leyes, y les aplica un serio y fatal correctivo (mucho más sórdido en las novelas que en la pequeña pantalla, todo cabe decir). Porque supongo que él es libre para hacer lo que nosotros no nos atrevemos.
Y después nos encontramos con el miedo a la cárcel. Un miedo alimentado por el cine y la televisión, y que aquellos que nos gobiernan fomentan con pretendido buen criterio. “Si eres malo, ya sabes lo que te espera”. Con ese miedo en el inconsciente, ya son muchos los que no son capaces de dar siquiera el primer paso. Por ello, el cuchillo se queda en el cajón de la cocina, el revólver de alto calibre más allá de nuestras vidas de ciudadanos modélicos y la motosierra en el cuarto de las herramientas de nuestra casa de campo.
Y nuestra paciencia sigue soportando prácticamente lo que sea, cada día de nuestras vidas. Nuestros demonios internos, contenidos eficientemente. El psicópata no toma el control.
Gracias a Dios.

No, no voy a matar a una persona, a pesar de que ése sea el título de la entrada. Aún no he reunido el valor necesario. Todavía me sigo poniendo en el lugar de los demás. No soy capaz.
Pero sigo orquestando mi plan, meditando acerca de su puesta en escena, puliendo detalles. Me voy convirtiendo en el monstruo que me hace falta ser, para hacer lo que alguien debería hacer y no hace. Permito a otros que me corrompan, que me hagan alejarme del Cielo para abrazar el Infierno.
¿O sólo consiento que estas ideas me ronden la cabeza para escribir impactantes entradas como ésta? No importa, yo, por si acaso, seguiré perfeccionando mi plan.

Me entretiene una barbaridad…



Venga, no seas tonto y lee la revista Nexus 2012, de la cual éste blog no es más que un anexo: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm
¿Qué otra cosa si no tienes pensado hacer hoy?

miércoles, 26 de noviembre de 2008

LA SILLA

Por Miguel Ángel Maca

Se trataba de un hombre octogenario.
Vestía camisa blanca de hilo tan fino, que dejaba entrever debajo una camiseta de tirantes.
Los pantalones oscuros, de un tejido algo más fuerte, subidos hasta más arriba del ombligo y atados, fuertemente, con un cinturón curtido en mil batallas, con el cuero desteñido y arañado por el tiempo, la hebilla deslucida y graciosamente ladeada hacia la izquierda.
La cabeza cubierta con una gorra azul celeste que seguro ocupaba un puesto vitalicio desde hacia mucho tiempo en tan altiva posición.
En la mano, cual centenaria arma blandida en tiempos de juventud, una garrota de madera, con una gran goma negra en la punta a modo de bayoneta.
Tenía una cara agradable, rebosaba simpatía. Puede que alguna vez tuviera los ojos claros;
el tiempo, implacable, borra toda mirada de vida como si se tratara de un tributo cobrado por haber sido testigo tantas veces.
Miraba algo que estaba junto a un contenedor de basura.
Era una silla que alguien había tirado. Su estado era deplorable, la tapicería rota y desgastada, el respaldo cedido por el uso y una de las patas reparada con precinto.
Había cumplido su función con creces.
¡Estaba en el sitio justo¡
La estudiaba desde todas las perspectivas. En un penoso intento de agacharse le faltó poco para perder el equilibrio. No cejó en su idea y tras afianzar su apoyo contra la acera en un ángulo más agudo y estirar una pierna en antiestética postura, consiguió palpar el pegajoso vendaje.
Su indignación crecía por momentos.
Los que en ese momento pasábamos por allí le oíamos relatar lo que parecía una locura de viejo.
- ¿Cómo se puede tirar una silla que esta nueva? Después dicen que hay crisis.
Nos hizo gracia en un primer momento y todos esbozamos, sin malicia alguna, una sonrisa.
Por su cabeza pasó la idea de cargar con ella, pero su cuerpo en rebelde desacuerdo terminó por disuadirle.
Una hora mas tarde, asomado en la terraza de mi casa, pude ver, como un hombre joven cargaba con ese mismo asiento a la espalda.
No pude por más que acordarme del viejo tasador de la basura.
No se si volveré a encontrarle para decirle que comprendo su enfado, que viejo no significa inservible, que no pude ver en un primer momento la similitud entre la raída silla y él.
Hay personas que, movidas por la necesidad, si saben captar la esencia y utilidad de las cosas que otros desechamos, personas que todavía comprenden que el envoltorio es solo, y en muchas ocasiones, una treta comercial.Ven el fondo y no la forma.
La vida nos ofrece continuas enseñanzas y la mayoría de las veces no sabemos tomar apuntes.
Nos ponemos en evidencia al creernos y sentirnos por siempre, esos jóvenes alumnos aventajados en la carrera hacia nuestro deterioro.

lunes, 24 de noviembre de 2008

LA BLANCURA CONTRAATACA.

Por Miguel Ángel Maca


Pobrecitos los chicos del CSI Miami, Las Vegas y Nueva York, que a partir de ahora tendrán que buscar alguna utilidad para sus discotequeras lamparitas de luz azul con las que acostumbran a sacar los colores a jovencitos seguidores de Onán y, adolescentes descubridores del amor sobre tapicerías de coches de papas, que olvidaron a la entrega de llaves y antes de salir de casa añadir en el discurso el pronombre "te" al consejo "No corras".

Grissom, Warrick, Nick, Jim, Greg, Horacio y Calleigh, por citar a algunos, han sucumbido y tenido que rendirse ante la inteligencia superior y empeño de las lavanderas, que desde tiempos inmemoriales se han preocupado y obsesionado por obtener la limpieza mas blanca.

Científicos españoles han descubierto que el oxigeno activo presente en la marca Neutrex, borra los restos de sangre delatora que resistía a diez lavados y que tanto regocijo provocaba en los investigadores americanos cuando detectaban el "Miró", salpicado sobre prendas de vestir y camas.

La victoria por la perfección ha echado por tierra las pruebas de la fenolftaleina, el luminol y el inmunoensayo de hemoglobina, saliendo victorioso el blanco nuclear y la limpieza total de millones de usuarios que pueden esconder más que nunca culpas, delitos e infidelidades tras una pulcra apariencia.

Por suerte para el ciudadano de a pie, no es real la idea que transmiten las teleseries del morbo, que sin prueba pericial no haya delito. Los malos seguirán pagando sus fechorías aunque por muy rápidos y eficaces que sean los fantasiosos agentes del CSI, que no asisten a la cita con la pareja que decide dar una última oportunidad antes del divorcio hasta que detienen al malo del capitulo, en España tardarán mucho menos tiempo en un prelavado, lavado y centrifugado con cualquier programa corto, pudiendo asistir al interrogatorio con la misma ropa con la que cometieron el delito.

Las policías científicas de todo el mundo están de uñas y más perdidas que un ratón en un termo -nunca comprendí esta frase que utilizaba alegremente mi profesora de matemáticas cuando salíamos a la pizarra-, sin saber a ciencia cierta si es más culpable el fabricante, o el investigador de tan inoportuno descubrimiento.

De ahora en adelante los detectives habrán de infiltrarse en lavanderías y corrillos de las fuentes entre cánticos, chismes y confesiones sobre maridos de mujeres entre risas, hasta dar con el asesino que será, como no, el que lleve la ropa mas limpia.

domingo, 23 de noviembre de 2008

DESTRUYENDO MITOS


Por Antonio Runa

Cada cierto tiempo, cuando nuestros propios avances nos ralentizan por el principio básico de que es más difícil progresar cuanto más lejos vas llegando, se hace necesario reinventarlo todo desde el principio.
De la misma manera que el mito 007 fue recreado a través de una destrucción absoluta de todos y cada uno de sus pilares básicos con la apertura de la nueva etapa, con Daniel Craig en la piel del agente secreto inglés (parece que ya nadie se acuerda de las feroces críticas que recibió antes del estreno de Casino Royale). Allí murió gran parte del machismo del célebre hijo de Ian Fleming, por no decir todo, esa chulería snob, el uso de tecnología absurda, sus indestructibles peinados pijoteras, sus atolondradas acompañantes adictas al descoque accidental y, gracias a Dios, sus lapidarios chistes facilongos. También es verdad que Bond, James Bond, le debe dar unas cuantas palmaditas en el hombro al amnésico Jason Bourne, o como se llame en realidad, que ni él ni yo nos acordamos; pues la presentación del apasionante mundo del espía desde una visión actual con ciencia y ficción pero sin ciencia-ficción vino de la mano del personaje de Matt Damon, y ahora parece impensable tratar esa temática de otra forma que no sea ésa.
Y yo lo siento por los fans de Connery, pero yo ya tengo Bond favorito, y no es el inolvidable Sir escocés.
Pero no voy a hablar de eso, o no quería, al menos. Pero supongo que es necesario empezar con algo comprensible antes de ponerse algo más incomprensibles.
Nos hace falta destruir ciertos mitos ya rancios y abolengos de los que creemos ser partidarios incondicionales (es extraordinario lo fácil que es sorprendernos viéndonos ser infieles a iconos que creíamos sagrados), cuando éstos ya no dan más de sí, aunque queramos, y su perfeccionamiento empieza a brillar por su total ausencia. Y con esto no quiero dar a entender que haya que ser desleales por naturaleza, que ciertas deslealtades son necesarias para el prosperar y el no degenerar del individuo, mas es bien sabido que se muere cuando no se evoluciona, sin obviar que muchas veces no es momento aún de evoluciones y que ciertas de éstas son la muerte. Con medida, todo acaba viniendo bien, ya sea carne o pescado. Que muchos médicos aseguran que para la comida una copa de vino durante, y un cigarrito después, ayudan a hacer bien la digestión, pero no sirve de excusa para pillarse un ciego de tinto o fumarse hasta el filtro un paquete diario. Pero todo vale como un excusa para muchos que todos nos sabemos.
La creación mediante la destrucción previa es motivo de reflexión, para determinados casos que han topado con callejones sin salida, más no como mecánica de trabajo habitual. Sean cuales sean esos trabajos.
Porque no todo lo clásico perdura siendo igual de bueno (que hay clásicos de su tiempo que han envejecido pero que muy mal), y nada y nadie puede presumir de ser eterno e incombustible, pues estos últimos adjetivos son definitivos de lo vil e imperfecto.
Por tanto, bueno es derribar para reconstruir, cuando se debe. El problema está en saber cuándo y cómo.
Al menos con el gran bebedor de martinis con vodkas agitados pero no mezclados, el reseteo le ha venido bien. Otra cosa es que dure más allá de una trilogía, bien porque pierda el norte, o bien porque al Sr. Craig no se le vea mucha cara de querer seguir al servicio de Su Majestad por mucho tiempo.
Pero tenedlo claro, amigos, esta entrada no habla de James Bond.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Las autoridades internautas advierten...



Por Miguel Ángel Maca:

Querido adicto que me lees: he de comentarte algo inquietante que puede que estés sufriendo en tus propias carnes, sin que seas todavía consciente de lo que te sucede. Somos propensos a caer, como moscas en telarañas, en las redes de una sociedad tecnológica disfrazada de divertimento, pagando como precio convertir una afición, en el medio alrededor del cual gira nuestra existencia. Adicciones hay muchas y pudiendo costearnos las más caras, ¿ cómo no caer y permitirnos las más cómodas y asequibles para nuestros bolsillos, así como gratificantes para el ego destrozado? No creas que necesitas consumir drogas para ser un adicto. La adicción es básicamente “un abuso” que tiene como consecuencias el convertir una actividad en lo más importante de la vida, dominar pensamientos, alterar tu conducta, modificar el humor, requerir un incremento de la actividad y, crear un conflicto a parte de contigo mismo, con la gente que te rodea. Es una norma habitual negativa que escapa a tu control.

Ahora que estás delante de la pantalla, preguntándote a dónde demonios conduce todo lo que estás leyendo, te propongo un sencillo test que te permitirá averiguar si eres adicto a nuestro amado Internet:



1. ¿Te sientes preocupado con Internet (pensamientos acerca de la última conexión o anticipas la próxima sesión)?
2. ¿Sientes la necesidad de incrementar la cantidad de tiempo de uso de Internet para lograr la satisfacción?
3. ¿ Has hecho repetidamente esfuerzos infructuosos para controlar, reducir o detener el uso de Internet?
4. ¿Te has sentido inquieto, malhumorado, deprimido o irritable cuando has intentado reducir o detener el uso de Internet?
5. ¿Te quedas más tiempo conectado de lo que inicialmente habías pensado?
6. ¿Has perdido o puesto en peligro alguna relación significativa, trabajo, oportunidad educativa o profesional debido al uso de Internet?
7. ¿Has mentido a los miembros de su familia, terapeuta u otros para ocultar su grado de implicación con Internet?
8. ¿Usas Internet como un medio de evadirse de los problemas o de aliviar un estado de ánimo?


Toda causa conlleva un efecto y los de la obsesión a Internet son fáciles de identificar por uno mismo, y por los que te rodean:

Privación del sueño, fatiga, debilidad, deterioro de la salud, falta de comunicación con los miembros de la familia en el hogar, incremento de la depresión y la soledad, mal humor, ansiedad, impaciencia por la lentitud de las conexiones, aislamiento, falta de atención a otros aspectos de las obligaciones…

Es el momento de la reflexión y del análisis de cuantos pasamos “demasiado tiempo” frente a la pantalla. Es el momento de disfrutar de una sobremesa en vez de salir corriendo hacia la red. Es el momento de ver una película reunidos en familia. Es el momento, en definitiva, de reorganizar nuestra escala de valores cotidianos.

Sin que sirva de diagnóstico para los que hayamos respondido afirmativamente a 5 o más de las preguntas anteriores, pensemos que nos enfrentamos a un problema que absorberá las pocas energías que nos dejen las agotadoras jornadas de trabajo y que nos privará de la libertad que tantas veces reclamamos y proclamamos.

Internet también tiene cosas buenas, pero esas son ya razones de sobras conocidas entre nosotros, los ciber-adictos.

martes, 18 de noviembre de 2008

LADRANDO, SE ENTIENDE LA GENTE.

Por Miguel Ángel Maca

El que algo viejo se estropee, aun causándonos disgusto, es al menos la confirmación de lo esperado desde hacia tiempo. Es este tipo de contratiempo el que guardamos los amantes de lo antigüo en el saco del afecto y, al que la mayoría de las veces no nos resignamos a aceptar el fallo que pone fin a la vida útil del objeto. Pensamos que al igual que nosotros, siempre se está en condiciones de aguantar un día más.

Ahora bien, con la iglesia hemos topado cuando el problema nos lo ocasiona algo nuevo, convirtiéndose la contrariedad en la jodienda del siglo que tanto escozor produce en el orgullo por lo mucho presumido.

La abuela de mi mujer, a la que quiero y tengo en consideración como a las mías, desde su sabiduría y autoridad en la materia del achaque otorgada y avalada por noventa primaveras, me repite constantemente:

"...Miguel, que precioso es todo lo nuevo."

Y no le quito razón a la voz de la experiencia, aunque la historia de una reciente adquisición no siempre comienza a escribirse de la mejor de las maneras.

Teniendo el pastelón entre manos y pudiendo siempre el azar rizar el rizo acompañado del peor de los momentos, la catástrofe es de tal magnitud estando de por medio un fin de semana o día festivo, que ríome yo de la temperatura del núcleo de una central nuclear comparada con la de nuestra cabeza mientras fragua la calenturienta protesta.

Jorge Manrique nos susurra y recuerda “cuan presto se va el placer, como, después de acordado, da dolor,…” mientras recapacitamos hiperventilados deseando que no haya rabieta que dure cuarenta y ocho horas en espera del lunes. Pero no paramos de dar vueltas a la carcoma, aferrándonos a esa crisis que creímos pasajera, hasta descubrir que es la añoranza de lo sustituido la que nos atormenta recitando el final de la estrofa "...como a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor."

Maquinamos para buscar un culpable en quien descargar la ira, y después a alguien que nos restituya la dignidad del que se siente engañado. Somos así de ignorantes al no conformarnos con la reprimenda del jefe al empleado, que por otra parte siguió indicaciones del mandamás en busca de los objetivos que le permitiera cobrar un mes más.

Denunciamos a la empresa, pero ¿y qué pasa con el vendedor? A fin de cuentas fue él quien nos convenció para comprar la bazofia de la que dudaremos lo que nos quede de vida. Si ya da problemas de nuevo, ¿qué será cuando tenga un año?

Es el momento en el que nos gustaría creer en el budú o gastar nuestros ahorros en contratar al sicario que en vuelo relámpago terminase con el estafador.

La desesperación no nos deja reaccionar y aunque mil veces oímos quejas de ciudadanos a los que nada han resuelto las instituciones de ayuda al consumidor, vemos ahora en ellas, ahogados por el problema, la tabla de salvación de tan negro color como la perspectiva e intento de explicar con coherencia y objetividad nuestro altercado en una hoja de reclamación.

Para nuestra tranquilidad, llevamos en los genes la templanza del español que con dos gritos desinfla la sinrazón acumulada. El engranaje se ha roto con dos bocanadas de aire y nada de lo planeado o pensado traspasa la cordura nublada durante unos días. Este estado desencaja al empleado de atención al cliente que, desde el burladero, está preparado para el impacto de un astado nervioso, pero no para el que seguro de si, va con la lección aprendida. Las preguntas precisas con la respuesta estudiada son la losa que aplasta a nuestro interlocutor que muestra signos de desconcierto ante el que no se conformará con un regalito o vale descuento.

Siempre que nos pasa tan molesta situación o alguna parecida tras una nueva adquisición, apretando en un punto mas el collar de los despropósitos, ladramos olvidando que perro ladrador poco mordedor, recordando después y tarde, que a buen entendedor pocas palabras bastan.

sábado, 15 de noviembre de 2008

PATIO DE COLEGIO


Por Antonio Runa

Os seré sincero. Yo y mi compañero Miguel Ángel Maca, somos los chicos nuevos de la clase. Pero ya hemos estado en otros colegios parecidos a éste. Se “enseñaban” en ellos diferentes asignaturas y los alumnos que acudían a ellos no tenían nada que ver con aquellos con los que nos codeamos ahora. O empezamos a codearnos.
La historia ya me la sé, por ello no voy a meterme muy de lleno en estos asuntos, la verdad. No me apetece ser el tipo al que la gente señale dentro de algún tiempo, con o sin razón (y en el supuesto de que sea con razón, a saber qué razones son ésas).
Las tribus formadas por minorías son las más interesantes, pero todas ellas tienen los mismos principios. Están divididas en pequeños grupos, incluso pequeñas élites, y existe siempre un gangsterismo imposible de obviar, que logra amargarte la vida cuando te ha obligado a tomar partido. Yo esta vez preferiría no elegir bando, pero al final, y lo sé por experiencia, las circunstancias te fuerzan a ello. En el ajedrez no hay ni intermediarios, ni piezas neutrales. Da igual cuál sea tu rango, o eres de un color, o eres del otro.
Este “colegio del misterio” tiene el mismo mecanismo que una tribu urbana en una gran ciudad.
Lo que ocurre es que en este mundillo las grandes personalidades están ataviadas con largos historiales, diplomas universitarios y rangos eminentes. Pero las riñas del patio son las mismas en este colegio, que en cualquier otro. Probablemente sean riñas menos evidentes, pues no hay revolcones por la arena y nadie se agrede físicamente (a no ser que caigas en algún plató de televisión con un energúmeno padre Apeles, o algo así). Pero todo el mundo tiene algo despectivo que decir de éste o de aquél.
Ya en el primer día de clase me encuentro con gente que dice: “No te fíes de ése de ahí”. Con o sin pruebas. Y las reputaciones de determinados alumnos son muy distintas, dependiendo de a quién preguntes. Los grupos están bien definidos. La unidad es casi nula. El amiguismo es moneda de cambio en cada aula, pero nadie te promete nada eternamente. Tu compañero de pupitre bien puede airear tus secretos en el peor momento, si decides contárselos, claro.
En este ambiente ya detecto ciertos grupillos que se mueven con una filosofía casi sectaria.
Supongo que debe ser así. Incluso es más emocionante que sea así. Debe ser por esa adicción al morbo que, en mayor o menor medida, todos los que estamos en este colegio tenemos, lo admitamos o no. Es infantil, desde luego, pero yo siempre he tomado el término madurez como otra leyenda urbana más.
Afortunadamente yo ya sé qué asignaturas voy a desechar, cuándo voy a hacer novillos y cuáles son los exámenes que me interesa aprobar.
Mucho de todo esto puede venir por una de las entrevistas que se publicaron en nuestra revista Nexus MMXII en el número uno (más que por el contenido de la entrevista, por quién era el entrevistado), y otra que se publicó en el número dos (por el contenido de la entrevista, más que por quién era el entrevistado, que en todo caso, también).
Como suele decirse: “A mí que me registren”.


Este blog es un tentáculo de la revista Nexus 2012: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm

viernes, 14 de noviembre de 2008

¿ESCÉPTICO?


Por Antonio Runa

Habitualmente suelo encontrarme, hablando sobre todos esos temas relacionados con el misterio, con gente que está situada en los más lejanos extremos de la cuerda, y que defienden sus criterios con toda la cabezonería y testarudez de la que puede hacer gala una persona. O se lo creen todo, o nada de nada. Y me he visto reflejado a mí mismo en un punto vago e indeciso, que no sabría definir como de escéptico o justo lo contrario.
En determinados foros donde se habla sobre misterios y enigmas se me toma habitualmente por un incrédulo que contradice y refuta todos y cada uno de los planteamientos. Alguien incluso polémico, porque cuestiona incluso a los grandes impulsores y maestros del medio. Basta con que digas que la psicofonía “No hay nadie” del eminente y prestigiado Sinesio Darnell tiene un tono y timbre de voz muy parecido al del propio investigador, pasado eso sí por algún filtrillo que otro, para que los seguidores del misterio más recalcitrantes se te echen encima como lobos furiosos. Aunque también es cierto que en otros foros simplemente se me ha ignorado y han seguido dialogando sobre otras cosas.
El simple hecho de que Darnell admita que se deshace de todas sus parafonías, porque le importa más el método de obtención que el contenido mismo que graba la causa paranormal (y lo hizo en un breve documental que después fue incluido en una tertulia donde se trataba el tema de las psicofonías en el programa La Otra Realidad, del profesor Jiménez del Oso, así como en un programa dedicado a la transcomunicación instrumental en una etapa pasada de Espacio en Blanco), ya me rechina sobremanera. Es como confesar que se ha demostrado éste u otro experimento, pero después se desechan las pruebas. Luego, claro, se cuestionan varias hipótesis, entre ellas el origen psíquico del propio investigador como explicación al fenómeno, gracias a que la prueba del “doble ciego” obtuvo resultados positivos. Pero yo jamás he escuchado psicofonías que hayan sido presentadas como grabaciones logradas mediante este experimento. También he escuchado, y hasta la saciedad, que se han grabado voces psicofónicas en jaulas de Faraday y de vacío, que deberían haber dejado contenidos de gran limpieza auditiva, pero nunca se hacen públicas.
Al final, resulta que se han hecho un sinfín de experimentos con resultados satisfactorios, y que tiran por tierra las teorías que no tengan que ver con aquellas que afirman que las psicofonías son las voces de los muertos o de seres de otras dimensiones, pero las voces que nos ponen son siempre las mismas. De hecho, yo llevo oyendo veinte años las mismas psicofonías que ya llamo “de toda la vida” (y el resto, simplemente me parecen fraudes). Y me da igual que sea el gran Sinesio Darnell, a quien por otro lado respeto profundamente, el que diga que grabó psifonías en éstas o aquellas condiciones; yo sólo me creo las cosas cuando además de contármelas, me las demuestran. Lo que ocurre es que muchos de los seguidores del misterio ya se creen cualquier cosa que diga el gran profesor Fulano de Tal o el admiradísimo doctor Mengano de Pascual.
Con esto (y seguiré con esta cuestión en próximas entradas), sólo pretendo insistir en lo necesario de un criterio un poquitín más incrédulo en la mayoría de los aficionados al misterio. Casi tan necesario como un criterio un poquitín menos cuadriculado y de mente abierta a los escépticos declarados.
El juicio más acertado, por puro objetivo, suele ser el más equilibrado. Porque el mundo no es blanco o negro, sino que se mueve en una amplia gama de grises.

Este anexo corresponde a la revista de misterio Nexus MMXII: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm

jueves, 13 de noviembre de 2008

HERIDAS ABIERTAS

Por Miguel Ángel Maca

Que el tiempo pasa inexorable y todo lo cura es la archiconocida letanía repetida por inercia ante una falta de palabras que sin saber por qué, nos obligamos en soltar presentes en desgraciadas reuniones, visitas a tanatorios, interminables velatorios y situaciones con desengaños de por medio. Es esta una rotunda afirmación que a veces en nada se ajusta a la realidad, ya que puede pasar toda una vida en que la llaga nunca deje de sangrar alimentada por recuerdos y conmemoraciones, o que basten unas pocas horas para suturar ofensas que resultan banales cuando son comparadas.

¿Cuánto es necesario para que una herida cicatrice? Estoy convencido que depende de la persona y de la naturaleza que la provocó; habiendo acciones que, como hojas de sierra, desgarran en lo más profundo del ser y son imposibles de olvidar, otras incisiones hechas con bisturí, aunque molestan, dejan una cicatriz apenas perceptible.

Setenta años son muchos, si, pero no suficientes para los ancianos que siendo niños vivieron aquella noche del 9 al 10 de noviembre de 1938. Es probable que para muchos de los que estáis leyendo ahora mismo esta reflexión, no signifique nada el término "Reichskristallnacht", pero todos reaccionamos, asociamos con la barbarie, y nos encojemos, cuando oímos hablar de "la noche de los cristales rotos". El triste episodio al amparo de la oscuridad en que se dio el pistoletazo de salida al Holocausto nazi. Detenciones, destrucción de sinagogas, saqueo de comercios y almacenes, profanación de cementerios judíos, internamientos en campos de concentración y asesinatos masivos, son motivos todos ellos más que suficientes para odiar y pasar décadas martirizados los unos y, lo que es más incomprensible, orgullosos los otros.

En estas fechas se conmemoran los hechos y he visto en los informativos imágenes de un soldado alemán con su abotonado uniforme, gorra calada y un bote de pintura con la que, obedeciendo órdenes, marcaba los cristales de una tienda con la palabra "judío" y la estrella de David. La filmación en blanco y negro, que en principio tranquiliza por conferir al documento plagado de característicos acelerones y frenazos de las cámaras de la época, la huella de la lejanía de momentos irrepetibles en la historia, deja paso con solo fijar la mirada a nuestro alrededor a una indudable desazón.

Esta misma tarde, en el trabajo, he podido fotografiar la puerta de uno de los aseos. Este pedazo de madera, al igual que muchos otros de empresas en el mundo entero, es la barrera que divide el territorio de la cordura y el del patetismo y, el escondite tras el que se agazapa el que relaja el intestino a la par que suelta la diarrea mental con hirientes garabatos en tintes de rotulador (Esvásticas, insultos racistas, proclamas de dictadores...).

Son la firma del autor que todos conocemos y ninguno denunciamos. Son compañeros del moro, del rojo y del homosexual, pero que piensan igual que los dirigente nazis representados por Hermann Goring, quien dijo:

"La ciudadanía judía de Alemania, como castigo por sus crímenes abominables, tiene que hacer frente a una multa de mil millones de marcos. A propósito, debo reconocer que no me gustaría ser judío en Alemania."


Los cristales se han recogido pero ecos de roturas persisten clavados en el recuerdo de los tiempos.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

DESPEDIRSE a TIEMPO


Por Antonio Runa

Gracias.
Fue la última palabra que le oí decir a mi padre, y a fue a través de un contestador. Dos días después un infarto fulminante le concedió un último y agonizante cuarto de hora de vida. No se le conocía ninguna afección cardiaca y no hubo precedentes familiares (de hecho, mi abuelo y el abuelo de mi padre murieron de viejos). Este tipo de cosas pueden heredarse.
Paso, como muy poco, ochenta minutos al día al volante de mi coche. Compartiendo carretera con miles de ciudadanos con actitudes al volante de muy diversa índole.
En mi edificio viven, de momento, cinco matrimonios de ancianos. Muy simpáticos, sí, pero cualquiera de ellos puede dejarse la llave de la bombona del butano abierta.
Todos los fines de semana atravieso la Gran Vía madrileña en su versión de madrugada, una jungla impredecible donde conviene estar muy alerta.
Digamos que tengo estupendas oportunidades de fallecer el día menos pensado. Y últimamente esto me ha llevado a meditar acerca de la muerte. No desde ese planteamiento bohemio y filosófico, sino en esa muerte con olor a hospital y sala de espera. Y se me antoja insoportable la idea de marcharme con tanto por hacer. A pesar de que es infinitamente más intolerable la imagen de que se me vayan otras personas.
Te despides de alguien, ya sea por una temporada o sólo por unas horas, incluso minutos, y resulta que no volverás a verle. Pero eso no lo sabes, claro, ahí está el dilema. En ocasiones, estando con mi novia de toda la vida, me han pasado por la cabeza pensamientos que he tenido que espantar rápidamente. Supongo que todos lo hacemos. He escuchado más de una vez aquello de: “Si te murieras, yo no sé qué haría”. Y supongo que todos preferimos ser la carta descartada, la pieza sacrificable del tablero. No tengo claro si esto es generoso o egoísta. Se supone que los que lo pasan mal son los que se quedan. Sea como fuere, el simple de hecho de acordarse de ese último instante atormenta más allá de lo aguantable. Recuerdo la despedida en casa de Omar y Belén, tras una partida de rol de un juego de samuráis, había que suspender la campaña porque se marchaban de vacaciones a Galicia. Omar volvió con un brazo roto y heridas por doquier. Sólo él volvió. Con mi padre ocurrió algo parecido. Con ese encargado de mi empresa varió la circunstancia, pero muy poco. A este último el tumor triple le fue destruyendo poco a poco. Luchó durante cinco meses. Hubo tiempo para despedirse de él, pero su memoria iba y venía, lo que dificultaba saber con quién estabas hablando, si con el tipo que te reconocía o el que te preguntaba qué querías. Al final, tampoco me despedí como era debido.
Procuramos no pensar en estas cosas. Tampoco vas a dar a tus seres queridos un abrazo asfixiante cada vez que bajas a comprar el pan. Basta con hacer un paréntesis en tu vida para analizar tu situación, si te gusta tu familia y los amigos que has ganado hasta hoy, ser agradecido y valorar lo que tienes. Con eso es suficiente.

Bien, y ahora sigamos viviendo.


Este anexo corresponde a la revista de misterio Nexus MMXII: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm

martes, 11 de noviembre de 2008

Carta abierta a un amigo mentiroso


Por Miguel Ángel Maca

Hay días en los que te levantas y todo te parece maravilloso. Has dormido bien, te sientes renovado, incluso quitas importancia a la discusión tonta que tuviste la tarde anterior con uno de tus amigos.
¡¡¡ Yo, hoy, no me he despertado así!!!

Amigo mío, mentir es un recurso fácil de valer sin tener que pasar por esfuerzos ni penurias, aunque el precio que se corre es la posibilidad de ser descubierto.

Mientras que la gente sincera no tiene que vigilar la versión que da de los episodios vividos, porque los transcribe al dictado de su memoria, en cambio tú, amigo mentiroso, debes controlar qué versión ofreces de tu historia, para que resulte creible con la escuchada por cada persona ante la que estás hablando.

Cuanto más caes en la tentación de mentir más difícil te es controlar la abundante base de datos de las historietas que cuentas y más imposible te resulta comentar, repetir, o seguir con coherencia lo novelado.

El hábito de mentir se puede transformar en un trastorno de tu personalidad. Este afán por impresionar está basado en la necesidad que tienes de resultar valioso y genial por medios tramposos, ya que por la simpatía y la espontaneidad dudas de poder conseguirlo. Refleja, por un lado, la ambición de ser digno de amor y ojito derecho de los demás.
Tu problema, amigo mentiroso, es que para mentir tanto y que no se note, has de hacer lo mismo que un actor que representa un personaje y quiere resultar creíble. Has de esforzarte tanto por interpretar a esa persona inventada, que realmente te confundes y olvidas quién eres realmente.

Lo que debes plantearte, amigo mentiroso, es saber la razón de tu desánimo, la progresiva repugnancia que simular produce en ti. Tú no eres así. Tu afán de mentir, aunque sepas que es malo lo que estás haciendo, hace que te sientas despreciado y disgustado, generando una profunda desconfianza muy difícil de superar.

La cura del mentiroso es sustituir la mentira por la verdad. Piensa que has tenido que hacerlo por miedo a represalias. Jugar limpio, ser nosotros mismos, es el mejor camino para ser aceptados por los demás. Es el mejor camino para ser una persona de principios.
Lo primero es que te acepten aún siendo humilde y mediocre. Una vez conseguido esto, entonces puedes intentar el asalto al mérito, jugar más fuerte, participar, colaborar, sugerir y animar la vida familiar, los equipos de trabajo, los grupos de amigos o la excelencia profesional.
Procura no convertirte en la marioneta de nadie. Te lo dice un amigo.

lunes, 10 de noviembre de 2008

¿REDENTOR, quizá, o AZOTE DEL MUNDO?



Por Antonio Runa

Existe un personaje que me atrae particularmente; en unos meses ganará popularidad cuando vea la luz la adaptación cinematográfica de cuya obra forma parte. No será el que gane más notoriedad, pues hay otras firmas de mayor calado en la misma historia, pero será el personaje más cuestionable. O debería serlo, pues, aunque tengo la sensación de que para el Gran Público no será más que “el malo de la peli”, es, filosóficamente hablando, incierto tacharle de villano.
Su nombre es Adrian Veidt, y no diré el alias por el que será más recordado, para no arruinar finales imprevistos a los menos frikis. Deciros que es un hombre que cree firmemente que el fin justifica los medios. Y que si son necesarios sacrificios, se hacen y punto.
Lo que me lleva a preguntarme qué clase de persona soy yo. ¿Realmente creo que el fin justifica los medios? Pues la verdad, no lo sé. Sobretodo cuando hablamos de poner soluciones a problemas serios. Hablo de mafia, corrupción política, narcotráfico, terrorismo o conflictos armados, entre otros muchos. Hablo de esas lacras imposibles de erradicar del mundo por medios convencionales, pero ante las cuales no se debe dejar de combatir.
Veidt consigue lo imposible a través de un plan impensable. Le quita la vida sin dudar a compañeros y amigos, amén de varios miles de personas en una ciudad importante. Le duele hacerlo, pero lo hace de todos modos. Porque es necesario para que su plan surta efecto.
Logra que todas las naciones del mundo se unan. Así de simple. Todos los gobiernos del mundo se dan la mano sin excusas ni excepciones. Juntos ante una amenaza exterior, muy superior a ellos mismos por separado.
A menudo, la aparición de un enemigo común es la mejor forma de que rivales ancestrales pacten la paz entre ellos.
Pero Veidt se inventa un enemigo inexistente. Une a todos los países del mundo contra una ilusión.
Los convence con la sangre de trescientas mil personas. O quinientas mil, quién sabe, ¿cuántas personas muertas son la mitad de la población de Nueva York?
Crea un horror, para salvar al mundo.
No sirvió para nada, pero imaginaos que lo de las Torres Gemelas hubiera servido para imponer la paz en el planeta: ¿Hubiera valido la pena estrellar esos aviones? ¿Matar a todas aquellas personas, para salvar a todas las demás?
Pensadlo bien, sin precipitaros.
Yo no lo tengo nada claro.
Si todo sigue igual que hasta hoy, seguirá habiendo lacras y muriendo miles de personas al año. Aunque, por otro lado, ¿quién nos da derecho a ser Dios para decidir quién es sacrificado y quién salvado?
Adrian Veidt asume la responsabilidad. Y vive atormentado el resto de sus días como redentor y asesino de masas. Una máscara difícil de llevar.
En cuanto a vosotros, sólo tenéis que preguntaros una cosa: Si no tuvierais otra elección, qué haríais, ¿sacrificarías a vuestro ser más querido para salvar al resto de la Humanidad, o sacrificarías al resto de la Humanidad para salvar a vuestro ser más querido?


Este es el blog de la revista de misterio NEXUS 2012: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm

sábado, 8 de noviembre de 2008

METROSEXUALES DE SEGUNDA

Por Miguel Ángel Maca

Intentando el otro día pagar en un establecimiento con la tarjeta de crédito que se empeñaba en no aparecer camuflada entre papeles, boletas, calendarios y tickets, me vino a la memoria el extraño desorden en el bolso de mi madre, cuando cada mañana le cogía dinero para comprar el bocadillo en la universidad. Han pasado los años y aunque no es el tema, diré, que siguiendo rebuscando la moneda para el café en el de mi mujer, he podido comprobar, generalizando y elevando a regla de oro, como todos los templos de la intimidad de las féminas tienen esta particular facilidad de convertirse en el saco de revuelto de frutos secos en los que es una alegría encontrarse con la nuez de Brasil, después de haber sacado en suerte infinidad de torrados.

Viendo que la cosa iba para largo, no se me ocurrió más que comentar con la dependienta, para romper el hielo, que teniendo los hombres un innato lado femenino la cartera era reflejo y manifestación del mío.

De camino a casa cargado con las bolsas y soportando el sudor que me provocaba la bufanda que sobraba sofocante por los pocos rayos de sol que regalaba la mañana, y por no soltar la compra meticulosamente colgada en las escarpias de mis manos, pensaba en el comentario y me preguntaba:

Aceptando los varones la existencia en nuestra personalidad de un lado dominado por estrógenos y que no todos los que nos cuidamos lo hacemos puramente como culto o estilo de vida, ¿Me habré convertido en una nueva y desconocida clase de metrosexual?

Representando yo la antítesis del guapo, cuidado en exceso, bien formado, preocupado por el físico, mediático y exitoso con las mujeres, no me caben dudas sobre la imposibilidad de pertenecer a la élite de los que como Beckham, juegan en primera.

Hubo un tiempo en el que la distinción entre el oso y el hombre de aspecto cuidado fue injustamente confundida con un “amaneramiento” por la afición a la crema de noche y potingue hidratante, sustitutos del escozor de colonia después del afeitado. El salto desde el precipicio hacia territorios habitados por las mujeres que siempre tuvieron clara la importancia de cuidarse, gustar y gustarse, desencadenó entre los mareados por el vértigo que se quedaron en la altiplanicie, la necesidad de tachar a los exploradores de maricones para arriba.

Nos abrieron el camino las madres que haciéndose las tontas, no denunciaban la desaparición de la crema de noche que nuestros padres se ponían en el más absoluto secretismo guardado bajo siete cerrojos, abriéndose para ellas la posibilidad de disfrutar en la madurez de una pareja acorde a las pocas expectativas que podían crearse, en un intento por huir de la penitencia de cargar los últimos años de la vida con un arrugado boniato. Y cómo olvidar en esta cruzada recordando los martirios de la historia, a nuestras abuelas, que en nada merecieron al descuidado portador de barba de taberna, desgarbo de lamparones, aliento de cloaca y machista imitador de ambientes de pretenciosos cabezas de familia. Verdaderamente la excusa de que eran otras épocas les sirvió durante un tiempo, pero no logra exculpar hoy a quienes ya ancianos se defienden en un alegato final desesperado.

Hoy todo ha cambiado. No es extraño ver un lunes por la mañana a chicos luciendo camisetas rosas con el lema "todos contra el cáncer de mama", ni cuarentones en los pasillos del supermercado leyendo las propiedades y modo de empleo de la crema que tan saludable aspecto aporta a Pierce Brosnan.

Razones poderosas aparte de la estética han sido determinantes para que tantos nos hayamos dado cuenta del necesario cambio de mentalidad, creando la segunda división en la que cabemos todos. La salud es motivo suficiente para controlar esa barriga que, apodada cervecera, se lucía con orgullo sobre el apretado cinturón que ensalzaba la felicidad en forma de curva.

Tener una buena apariencia para competir por un puesto a cualquier nivel de la vida, ha sido también causa que nos ha llevado al sexo fuerte a ensalzar el narcisismo que sin llegar a ser patógeno contribuye a la reconversión. Demasiadas víctimas, muchos secretos, voces acalladas e insultos de los dudosos machos, fueron consecuencia de tabúes de la sociedad mas profunda que conviene no olvidemos los que presumimos cuando nos dicen "...pues no aparentas la edad que tienes."

No bajemos la guardia hasta que consigamos dejar de hablar de metrosexuales, homosexuales o heterosexuales, simplemente por el hecho de cuidarnos o tener que asumir en soledad a la mujer, que en mayor o menor medida, todos llevamos dentro.

Aunque lo hagamos, ¿cuántos de nosotros comentamos en el trabajo que nos ponemos crema antes de acostarnos?

Lo que yo decía: Aún nos quedan muchas temporadas jugando en segunda división.

viernes, 7 de noviembre de 2008

¿Días contados?


Por Antonio Runa

Voy a contaros algo que quizá no debiera: Nunca jamás he sentido ninguna simpatía por ningún político. Ni de éste, ni de ningún país. Soy incapaz de votar a un partido y, de hecho, jamás he usado mi derecho al voto porque, entre otras cosas, mi voto vale demasiado para regalárselo a cualquiera. “Para que no gane ése o aquél”. Ésa filosofía es la que he visto a mi alrededor demasiadas veces. No se puede votar al menor de dos males. Votar para quitarle el poder a otro, aunque el siguiente no logre seducirte.
Mi regla de oro es: Si no estoy totalmente convencido, yo no voto ni a brios.
Yo soy de los que votaría a una buena idea. A un concepto. También votaría a una persona. Alguien que consiguiera transmitirme algo.
Pues bien, ahora que todo el mundo habla sobre él, debo decir que el hombre del momento tiene algo. No sé qué es, pero el bueno de Barack tiene un donaire que me convence. Puede que luego resulte ser otro presidente de los EEUU más, con sus guerras por aquí y sus chanchullos por allá, pero, de entrada, ha sido la única persona que me ha motivado a votar. Desde que hace treinta y cinco años mi santa madre me sacara de su interior, es la primera vez que esto me ocurre. Pero claro, en esas elecciones yo no tenía mucho que decir.
No me importa que Barack sea masón, primo en noveno grado de Brad Pitt, de origen musulmán o miembro del club de fans del puto general Grievous. Transmite. Y sólo por eso, puede que “casi” crea en él.
Otra cosa es que dure mucho en ese país, el más avanzado y retrasado que existe. El más abierto y el más cerrado. Donde una minoría puede anteponerse a una mayoría (aunque bueno, eso pasa en todas partes). Donde todo hijo de vecino puede tener un rifle, una ventana y un dedo que dé un gatillazo justo cuando un descapotable presidencial pase por debajo. Un país de capuchas de cono y cruces ardiendo. Y fue allí donde un tal John Fitzgerald quiso cambiar demasiadas cosas entonces, y el tal Barack pretende continuar la misma senda ahora. Una senda que conduce a un callejón sin salida (aunque hay muchos caminos para llegar al mismo sitio).
Aunque, es posible, no esté tan interesado en cambiar tantas cosas, después de todo. Sería lo más normal. A fin de cuentas, al margen del color de su piel, no deja de ser presidente de los Estados Unidos, ¿no?
Lo bueno sería que realmente fuera un idealista, que se creyera sus lemas y que, con esto, hubiera en breve muchas, muchísimas balas con su nombre. Significaría que realmente está cumpliendo su palabra; que realmente está cambiando el mundo. Pero, siendo realista, y sabiendo a qué especie animal pertenezco, supongo que de ser así, este tipo no presentará su candidatura en 2012. Por no hablar de dar por cumplido su segundo mandato en 2016.
Ahora mismo, la profesión más peligrosa del mundo es ser miembro del Servicio Secreto. Esa clase de gente que, se supone, deben interponerse en las trayectorias de algunos gramos de plomo que viajan por el espacio a 900 metros por segundo. Esas personas van a tener mucho trabajo en los próximos (de momento) cuatro años. Porque incluso siendo un fraude, no deja de ser negro. A algunos francotiradores les vale con eso.
De verdad, ojalá me equivoque. Porque soy víctima de ese síndrome de Mulder que nos vendría tan bien se extendiera por todo el mundo: Y es que, necesito creer.
Obama me parece una excusa tan buena como cualquiera.


Este anexo corresponde a la revista de misterio Nexus MMXII: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm

jueves, 6 de noviembre de 2008

BAJEZAS DE ALCALÁ: Ateo por unos días. El sustituto



Por Miguel Ángel Maca

Sentir a Dios más lejos que nunca dentro de una iglesia, puede añadirse desde ahora al repertorio de chistes que catalogados en el grupo del colmo de los colmos, hicieron y hacen las delicias de los niños en horas de recreo y reuniones al otro lado de la tapia. Haciendo uso de la cada vez menor libertad que ofrece la religión católica y sin pretensión alguna de caer en la blasfemia, siento y creo que altos estamentos persiguen convertir a los templos, en el del chiste, que estando tan lejos del pueblo no iba ni Dios.

Cuando un nuevo director llega a una empresa para atajar -que no solucionar- una crisis evidente o supuesta, que habitualmente y con demasiada ligereza se confunde, poco importan la imaginación ni los recursos propios de la persona para intentar paliar de la mejor de las maneras el caos detectado o provocado. Las instrucciones al omnipotente y maleable emisario son precisas y claras, vacías de sentimentalismos y programadas para, en un estallido de cambios, conseguir ambiciosos objetivos en un falso y rebuscado campo de batalla. Por desgracia, en la factoría vaticana que en sus comienzos fuera humilde taller de pescadores no podía ser de otra manera.

Después de conocer al nuevo dirigente de la Ermita de San Isidro de Alcalá de Henares, no puedo decir más que el Santo Labrador a sido sustituido por quien maneja un apero ingobernable enganchado a dos bueyes y que siendo desconocedor del espíritu del templo, adolece de las dotes necesarias para mantener el equilibrio de las míticas bestias en el platónico carro alado. Con una estudiada carta de presentación apareció entre bambalinas el que, de nuevo, a puesto al feligrés en su lugar. Al brazo ejecutor del cuidado escenario desprovisto como nunca de adornos, músicos, bancos y calor humano, le tocó o eligió para su primera actuación batuta en mano del micrófono redentor de la palabra, la conocida lectura en la que a Jesús le tienden la trampa para acusarle de colaboracionista o instigador a la rebeldía.

"Dad a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César".

El Nazareno, salió mucho más airoso de la situación que el Padre Cesar, quién carente del tiento del buen pastor proclamó y pidió en su homilía, la rebeldía contra el Estado de España. Su particular interpretación del texto provocó la estampida de unos pocos, indignación de otros tantos y regocijo de indeseables que valiéndose de la educación de los que hicimos mutis por el foro, tuvieron la malsana idea de proclamar un audible “...pues hay que respetar las ideas de todos”; mientras, el predicador, actuó con la impunidad del que deja al populacho solucionar los mismos problemas que en épocas medievales.

Me pregunto si habrá sitio desde este momento en San Isidro para los creyentes que profesamos una religión universal y comprensiva que no esté reñida con la política participativa, y una vida social sin recordados bandos a las primeras de cambio. Es obligación de cualquier gobierno procurar libertades a los ciudadanos y si la iglesia quiere, no encontrará confrontación al atribuir a Dios el mérito de quienes no elijan hacer uso de ellas, coincidiendo y practicando las pautas marcadas por la maltrecha dirección de la doctrina católica.

La recurrida conciencia es patrimonio del individuo y no debe ser moneda de cambio por ningún estamento de la vida ni la sociedad. El obispo de Alcalá estará henchido en su orgullo al ver como el sustituto escritor, quién al más puro estilo de C.S. Lewis se preocupa por el sobrino del diablo con nuevas cartas, sigue al dictado las ordenes pertinentes para convertir a la ermita en fuente de ingresos de nostálgicos de la obra de Dios perdidos en un camino desde hace tiempo.

Bien pudiera yo engrosar el grupo de los desencantados por los representantes de Dios en la tierra, pero prefiero buscar hasta no poder más el templo que me permita ir con mis hijos a escuchar la palabra del hombre imparcial, y no al que les confronte y confunda en la educación basada en el respeto de las normas de la democracia, sean del color que sean.

Este anexo corresponde a la revista de misterio Nexus MMXII: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Orgullo Herido


Por Antonio Runa


Ser héroe de uno mismo es fácil. Basta con no defraudarse nunca y ser fiel a unos principios. No se trata de ponerse grilletes; se trata de aceptar desafíos.
Me tragué 6 DVD de una serie de gran éxito sólo para encontrar una frase que, primero, no venía a cuento, pero justificaba mi pérdida de tiempo y, segundo, era una verdad inmutable con la que quitarse el sombrero:

“Si cedes una vez a lo que te digan, no pasará nada, salvo que te resultará más fácil acceder a esas peticiones una segunda vez. Y este círculo se repetirá hasta que no hagas otra cosa que ceder a todo lo que te digan”.

Fue una de esas frases que te hacen tirar del freno de mano, olvidarte de todo ese efectismo visual y centrarte en la filosofía pura y dura, aplicable a cualquiera, pues hay fórmulas que se acomodan a todo el mundo.
Al segundo siguiente, continuaron los disparos y explosiones, pero eso es otra cuestión…
No voy a engañarme a estas alturas, no soy la mejor persona del mundo; pero puedo ser ejemplo para mí mismo en ciertas circunstancias. Ser mi maestro y mi aprendiz.
Puedo justificar mis debilidades y aceptarlas; jugar con las limitaciones que simplemente no superaré, ni quiero.
En estos días, y en otros que ya pasaron, puede que en algunos que estén por venir, no hay, hubo o habrá más remedio que agachar la cabeza y ceder. Una y las veces que sean necesarias. Porque no hay otra opción o porque aún no es juicioso tener problemas con la autoridad en este momento. Y es que el orgullo es un compañero complicado de tratar. A veces es útil encerrarle en una celda y comerse la llave y, otras tantas ocasiones, no debemos permitir que lo hieran ni siquiera superficialmente. Porque juega las mismas veces a tu favor, que en tu contra.
El mundo que os rodea, es aquél con el que habéis elegido ataviaros. Como esa creencia que afirma que sólo es real lo que el subconsciente colectivo de la Humanidad acepta como real. Una teoría que probaría que Neil Gaiman llevaba no poca razón, al plantear que si suficientes gatos soñaban un mundo gobernado por felinos, éste se haría realidad sin más, en la obra maestra del cómic de nombre “Sandman”, de su invención. Debido a esto, nosotros somos los reyes de la Creación y no otras criaturas más dignas.
Puede que alguno de vosotros sepa de qué demonios hablo.
Por cierto, lo creáis o no, la frase de más arriba era de Jack Bauer. Seguramente la diría antes de torturar o cargarse a alguien.

Este anexo corresponde a la revista de misterio Nexus MMXII: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm