miércoles, 31 de diciembre de 2008

"Yes we cam" VS "I Have a Dream"

Por Miguel Ángel Maca:

"Prometer hasta meter y después de metido, nada de lo prometido”.

Esto estará pensando Mister Obama mientras ve como su sueño se pierde en la fosa aséptica del sopor de la política, en la que los favores se pagan, siendo las primeras letras las más elevadas y dolorosas. Los adinerados contribuyentes de campañas electorales tienen claro que nada peor para un político que hacerle perder principios y compromisos para con sus votantes a las primeras de cambio, dejando claro quien es el muñeco y al son de la música con el que se debe bailar.

Demasiadas han sido las expectativas puestas por millones de americanos en el participante por la partida del poder, en el país más desarrollado del mundo, que hasta el momento solo se refleja en un cambio de color en las fichas, aplicándose las mismas reglas. La callada por respuesta es el movimiento evasivo de la nueva administración ante la masacre de Goliat, demostrando que David tuvo mucha suerte o supo ponerse a tiempo en el bando del aliado más poderoso.

El ojo económico y financiero de la bestia estadounidense tiene una pupila en forma de estrella y no está dispuesta a verse derrotada por ningún pastor que inmole pretensiones ni millonarios planes de inversión.

350 muertos y 2000 heridos son, hasta hoy, la losa de quien ocupará La Casa Blanca en poco mas de dos semanas, sin tener claro de qué color pintará la habitación de sus hijas.

Como dice mi abuela, es mejor no meterse de por medio cuando hay un conflicto. La misma sinrazón muestran los unos como los otros, que teniendo la posibilidad no dudarían en aniquilarse mutuamente apretando un simple botón, pero la desmesura de la acción es evidente.

¿Qué han sido de esos hombres que apostaban sus reinos en la lucha de dos guerreros, ante los agradecidos bandos que convertidos en ganadores o perdedores podían vivir otro nuevo amanecer?

Mister Obama, cuando los sueños no se cuentan se cumplen o no, pero cuando se hacen públicos, a poco corazón que quede en las entrañas, seguro se tornan en las pesadillas, recordadas por fantasmas, del hombre más poderoso del planeta.

Juntos podemos, sí, pero hay que saber elegir los compañeros y tener el arrojo y valentía por reflejarse en espejos de personajes de la historia que murieron defendiendo libertades, ideales y verdaderos compromisos.

martes, 30 de diciembre de 2008

LA NOVATADA


Por Antonio Runa

Debo decir que, a lo largo de mi vida, no he sido de los que han sufrido demasiadas novatadas. Incluso cuando realicé en la BRIPAC de Alcalá de Henares el servicio militar, me vi exento de esta suerte de bromas pesadas. Ni en mi primer curso de Formación Profesional, ni en ninguno de mis trabajos (aunque tampoco han sido demasiados).
Pero, en ocasiones, la excesiva candidez o ingenuidad de uno en una materia específica le puede llevar a ser él mismo el que pague la novatada.
Ha sido hablando con el insólito, y muchos dirán que controvertido, investigador Colin Rivas, que casi va a convertirse en nuestro colaborador a partir de ahora, cuando me he visto a mí mismo con la cara pintada y una N de novato escrita con ketchup en mi frente. Y es que él se pensaba que nuestra revista era, en verdad, la versión española de la revista internacional Nexus. Revista de la que yo no sabía nada hasta que él me la mencionó. Una revista que lleva ya un montón de tiempo informando sobre ciencia mayormente, pero que siempre tiene un hueco dedicado a lo esotérico. Por supuesto, le aclaré que no teníamos nada que ver con ese magazín. Pero la pregunta se grabó a fuego en mi mente: ¿Sería debido a confusiones semejantes que otros investigadores y eminentes figuras del mundo del misterio creyeron lo mismo que Colin? ¿Oyeron que Nexus les quería entrevistar y colaboraron de buen grado porque tomaron nuestra revista por la Nexus original (ignorando lo del 2012)?
Me pregunto si estaríamos donde estamos si le hubiéramos dejado a la revista cualquiera de los otros nombres que habíamos barajado en un principio, nombres con los que ya empezamos a movernos por ahí cuando aún no habíamos colgado el número uno. Y es que, en lugar de Nexus MMXII, podríamos haber sido Horizonte Insólito o Frontera Límite, que eran sólo algunos de los nombres que nos gustaban de una lista que confeccionamos.
Lo cierto es que, si hubiéramos sabido que había una revista de gran tirada internacional que ya se dedicaba (más o menos) a los mismos temas que nosotros llamada Nexus, seguramente habríamos elegido como nombre final cualquier otro de aquella lista. Pero supongo que ya…
Además, tampoco pasa nada, porque estas cosas suelen ocurrir.
Ha sido nuestra novatada. Pero no ha sido una novatada corriente. Y como dijo un amigo mío: Imagina que te equivocas de habitación de hotel y te encuentras en el dormitorio con Angelina Jolie, vestida únicamente con un pañuelo negro que le tapa los ojos, te llama Brad y te espera ansiosa con los brazos abiertos, ¿la sacarías de su error? En realidad, este ejemplo no tiene nada que ver con lo que nos ha ocurrido, porque estoy convencido que sólo la mitad de aquellos que cooperaron con nosotros habían oído hablar de la otra Nexus (tengo que aferrarme a esta idea, aunque que quizá no sea cierta), y en ningún momento se pensaron que nuestra revista fuera una “versión española” de aquélla.
En fin, de la misma forma que actualmente hay dos medios de divulgación misteriosa llamados Más Allá de… y en nuestro mismo país, no creo que pase nada porque fuera de nuestras fronteras haya una revista llamada Nexus con la que difícilmente podríamos competir.
Al menos, por el momento.
Y qué demonios, también hay un montón de empresas llamadas Nexus Nosequé, o Nexus a secas, y hasta un superhéroe con su colección propia llamado Nexus.
No merece la pena darle importancia a este tema; no más de una entrada en este blog.

sábado, 27 de diciembre de 2008

EL PEDALEO OLVIDADO

Por Miguel Ángel Maca:

Por más que lo intento, no consigo recordar el momento en el que aprendí a montar en bicicleta sin los ruidosos patines. El cómo, con quién y cuando, reposan en algún escondrijo de la memoria o habrá sido sustituido por cualquier otro dato, que caprichoso cerebro, consideró más importante.

Si algo cambiaría en una alucinante vuelta al pasado, utilizando la ingeniosa patente multimillonaria del innovador departamento del magnate Gates encargado de alucinaciones virtuales, sin necesidad de reseteo mental o amnesia permanente debido a efecto secundario por el viaje, sin duda ocuparía el primer puesto empezar una bitácora en la que apuntar experiencias importantes, tras trillar y separar trigo de paja, de aquellos momentos que alegremente desechamos.

Cuando nacemos, nuestros padres compran o reciben con agrado el maravilloso libro de "mis recuerdos", en el que figuran en sus primeras páginas, el nombre, fecha del maravilloso desenlace y puede que la primera fotografía del pelón en el único momento de la tarde en que, saciado de teta, dejó de fruncir el ceño en gesto que tanto recordaba a la familia de...; luego nada más. Punto y final a la novedad y si te he visto no me acuerdo, pronunciado el primer y único eructo que hizo gracia.

Ayer por la tarde estuve con mi hijo en el parque cumplimentando con grafismos de paciencia el expediente de tradiciones y obligaciones de un padre, sintiéndome inevitablemente sujeto por similitudes de antaño. Mi reflejo en él, fueron suficientes para contestar interrogantes de respuestas perdidas en los tiempos.

Dudosas remembranzas afloraron, viendo y preocupado por los giros desorbitados, el desacompasado pedaleo, la mirada al suelo presagio del choque, el sudor que provocado por el nerviosismo escondió el del brutal esfuerzo enfundado y disimulado en el empeño, y las manos tintadas en polvo y sudor aferradas al manillar, que a modo de torno intentaban atenazar la trayectoria en línea recta que solo el toque de pluma dado por la experiencia conseguirá un perfecto rumbo o trazada.

Verle, fue el regalo suplente de mi olvido, que ahora reclamado, creí sin importancia.

Objetivo logrado por su parte y por la mía, nos fuimos a casa con los deberes hechos. El parte de guerra, acorde a la batalla, se saldó con dolor de piernas, rodillas de Nazareno, zapatillas reventadas y dos sonrisas de oreja a oreja con las que padre e hijo sellamos el compromiso de pedaleo para el día siguiente.

Mientras escribo esta entrada, el pequeño deportista ha caído derrotado en el sillón. Le miro, deseando que este día encuentre ubicación más importante en su librería y que cuando llegue el momento localice la vivencia en el rincón de sus agrados.

jueves, 25 de diciembre de 2008

¿Qué ha pasado con MYSTERIIS?


Por Antonio Runa

Supuse que una pequeña novela presentada por entregas, casi un folletín, de las experiencias de un grupo de investigación de casos paranormales llenaría esos huecos que nuestra revista Nexus 2012 tenía. Puede que no le ocurra a Miguel Ángel, mi compañero en la dirección de este proyecto, o puede que sí, pero yo siempre tengo la sensación de que a todos los números les falta algo, que no hemos sido capaces de meter todo lo que queríamos o con la calidad que nos propusimos.
Mysteriis sería esa ventana que ofrecería algo distinto, aunque fuera dentro de los límites del misterio.
De algún modo, siempre tuvimos claro que en Nexus 2012 habría hueco para la narrativa, para pequeños relatos, fragmentos de sueños y retazos de fantasía, sin complicaciones, sin ninguna pretensión. Simplemente, imaginación pura y dura.
Incluimos los dos primeros capítulos de Mysteriis en los números de octubre y noviembre. Realmente yo tenía un esquema de lo que sería la historia, pero aún había mucho por definir. En muchos capítulos no habría ni una sombra de parapsicología, ni misterio, ocultismo, ni nada de eso. Únicamente la complejidad de la vida de esos investigadores, de las relaciones que existían entre ellos, el único misterio que ninguno se atrevía a investigar. Demasiado denso, y era necesario seguir la historia desde el inicio, lo que le complicaría mucho la vida a un lector que se enganchase al número de abril, por poner un ejemplo.
Por otro lado, siempre tuve la sensación de que casi nadie lo leía. Era el apartado de la revista que más tiempo me quitaba, necesitaba varias tardes enteras para escribir esa pocas páginas en las que, siendo sincero, tampoco es que pasara gran cosa. Supongo que su mayor logro, más que aquello que se contaba, era la personalidad del protagonista y su forma de contar lo que sucedía en tiempo real. Un recurso que siempre utilizo en mis escritos (aquellos que me conocen ya lo saben de sobra).
Demasiado trabajo y, creo, poco reconocimiento por ello. Ni uno solo de nuestros lectores me ha mandado mail alguno acerca de la desaparición inmediata e imprevista de esa “sección”. Ya en el número de diciembre, Mysteriis no aparecía ni por el forro, y pocos lo notaron.
Una parte de mí lo agradeció bastante. No sabía cómo quitarme de en medio esa responsabilidad. En lugar de haber empezado desde el número 1 con una suerte de sección de relatos cortos, me metí en toda una novela. Todo un problemón para alguien que ya estaba enfrascado en otra novela de dimensiones semejantes.
Supongo que no lo pensé. Supongo que tampoco pensé que Nexus 2012 siguiera con vida a primeros de año (hombre de poca fe). Supongo que tengo que deshacerme de toda esta modestia de mierda si quiero que las cosas sigan funcionando progresivamente, como lo están haciendo hasta el día de hoy.
Y tampoco me parecía bien cargarme al protagonista en el siguiente episodio para eludir responsabilidades. Así que simplemente guardé a Cristian, Paula, el profesor Massip, Erich el holandés y Celine en un cajón, con la esperanza de que nadie se diera cuenta. Y casi nadie se dio cuenta, insisto. Para mi satisfacción. Para mi pesar. No termino de aclararme al respecto.
Queremos seguir dedicando algún espacio en la revista (o “boletín”, como insiste en denominarlo mi buen David Cuevas que, por otra parte, quizá tenga razón) a la narrativa y al relato corto, porque es un espacio bien agradecido que, en muchas ocasiones, le otorga al total del trabajo mensual realizado un nosequé muy especial.
¿Mysteriis? Bueno, me gustaba escribir sobre esa gente, en serio. Les había cogido cariño, como siempre me ocurre con esas personitas que me saco de la manga y acaban independizándose de mí a las primeras de cambio, cualidad o defecto propio de escritor demasiado apasionado y quizá no demasiado profesional, que niega su derecho a tener el control total de la narración a favor de la libertad del personaje. Como esas Inteligencias Artificiales de algunos videojuegos que únicamente otorgan unas directrices y pautas de conducta a los personajes controlados por el sistema, dejándoles luego a sus anchas.
Yo sólo sé de acontecimientos que ocurrirán, pero el modo en que los personajes se ven afectados por los mismos, es cosa de ellos. Me estoy acostumbrado bastante a ese topicazo de “a mí que me registren”, pero, las cosas como son, en lo referente a estas cosas, a mí que me registren.
Cristian y compañía seguirán en La Nada hasta que los suficientes Atreyus me digan que merecen salir de ahí. Llamadme, Gmork, si queréis.
Supongo que tengo que soltar lastre por algún lado si quiero que esa otra novela (que no tiene nada en absoluto que ver con el mundo del misterio), la cual llevo miles de años escribiendo, se acabe de una santa vez.
En ocasiones como ésta, y son unas cuantas cada poco tiempo, me acuerdo de esa célebre frase del Capitán América que hace alusión a la gente que “muerde más de lo que puede tragar”.
Bueno, en la antigua Roma vomitaban cuando ya no les cabían más manjares dentro. Y luego seguían poniéndose como cerdos.
Creo que es más juicioso, en este momento, seguir los consejos del Capitán, antes que los del César.

martes, 23 de diciembre de 2008

El tío que pulía los diamantes


Por Antonio Runa

Unos amigos y yo visitamos el Gran Paraíso del Diamante en Amberes, un lugar donde cortaban, pulían, perfeccionaban y vendían estas valiosas piedras. Una especie de museo de diamantes, aunque con venta posterior. La entrada costaba 12 €, y era lo más barato que allí se podía pagar. Había pantallas con videos predeterminados donde se podían ver documentales en todos los idiomas sobre todos los procesos a los que eran sometidos los diamantes antes de su venta, además nos topamos con exposiciones, gráficos y, por supuesto, una lujosísima tienda al final del todo, donde una “miaja” (como diría mi madre) de diamante ya te valía un órgano vital. Las etiquetas de los pedruscos más grandes provocaban risa. Casi la misma risa que les debería entrar a los tíos que había tras el mostrador, cuando veían a mi amiga Elia y mi novia probarse anillos y pendientes con diamantes estupendamente engarzados y con ornamentos de oro y plata. Luego nos miraban a nosotros, a mi amigo Guillermo que prefería mirar a otra parte, y a mí, que tenía toda la pinta de tener un Aston Martin en la puerta esperándome por los cojones, con mi pelo largo suelto, mi desgastado tres cuartos de cuero y mi habitual barbuza de cuatro o cinco días.
Recé hasta al Zeus griego para que me sacaran de allí cuanto antes. Jamás he padecido complejo de mendigo alguno hasta ese día.
Pero lo más interesante fue ver trabajar al que podríamos llamar TPD, “el tío que pulía los diamantes”. Trabajaba en un pequeño taller, detrás de una mampara de cristal anti-balas, con un instrumental extraño. Medía la diminuta piedra con un insólito aparato que se ponía en el ojo, repasaba con piedra, volvía a medir, lijaba. Hacía un montón de cosas muy interesantes de buenas a primeras, pero cuando te quedabas allí un rato mirándole (cosa que nadie perdía el tiempo en hacer más allá de un minuto), te dabas cuenta que siempre hacía lo mismo, una y otra vez. Todo el santo día cortando y puliendo y limando y qué sé yo la superficie de los diamantes. Hasta el polvo diamantino que caía en un pañuelo situado debajo del instrumental debía ser depositado en un envase. Trabajando con una cámara permanentemente encima de ti. Un trabajo de mierda, pensamos.
Pero luego uno medita acerca de la escasa gente facultada para ese fin, capaces de asumir una responsabilidad de coste millonario. ¿Qué sueldo tendría TPD? Se me antoja que, con esa cara de muerto de hambre, el reloj barato que luce su muñeca, los dos botellines de cerveza vacíos en la mesa al fondo (nada de caviar, melón con jamón y champagne) a lo mejor sí tenía un Aston Martin aparcado en su plaza propia (si es que prefería gastarse su gran millonada ahorrada sólo en "transporte"). O, muy seguramente, no lo tuviera tampoco.
Un trabajo de mierda, volvimos a pensar.
Todo el santo día cortando y puliendo y limando y qué sé yo miles de euros para otros, y hasta la roña que se queda entre las uñas debe meterse en un envase.
En fin, me acuerdo de ti, TPD. Supongo que te mereces una entrada en algún blog. Es lo mínimo.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

LA AUTOPSIA


Intentaré que mi voz no resulte demasiado quebrada.
Y dígame, doctor, ¿qué resultados ha obtenido en la autopsia?
A pesar de mis ojeras, de mi palidez casi amarillenta, de mi cada vez más frecuente baja forma física, mi voz suena absolutamente impersonal. Casi como si no me importara.
Hemos hallado algunas mutaciones interesantes en pulmones y páncreas, por no mencionar el hecho de que su cerebro esté unos cincuenta mil años más avanzado en lo que a materia de evolución se refiere.
Su nombre es Brian Romana o Romano. Me lo ha dicho al entrar en el laboratorio, pero yo no estaba demasiado centrada.
—¿Sabría decirme si es o no es humano?
Mis manos están temblando. Las palmas de las mismas, sudando. Me araño el dorso con las uñas.
Verá, esto no es fácil para mí, señorita —dice, casi tartamudeando—. No quiero que el FBI me silencie a la fuerza, ¿de acuerdo?
—¿De qué está hablando?
—Sé cómo funcionan estas cosas. He visto un montón de series de televisión. He visto películas. En cuanto entregue mi informe, lo archivarán todo como material clasificado y me quitarán de en medio.

Una sonrisa aflora en mis labios. No le encuentro la gracia, pero estas muestras de ingenuidad logran hacerlo todo más fácil.
—Le obligarán a firmar unos documentos. Eso es todo. Se comprometerá a no hablar jamás sobre esta autopsia. Si lo hace, activará una campaña de descrédito contra su persona que acabará con su carrera profesional. Pero ahí acabará la cosa.
—¡¿Ahí acabará la cosa?! ¡¿Le parece poco, señorita?!
—Seguirá llevando su vida tal cual la ha llevado hasta ahora. Sólo tendrá que ser un poco discreto con esta cuestión.
—Se me acaba de terminar el sentido del humor de repente—. ¡Así que deje de joderme!
Me arrepiento de mis modales al segundo siguiente de exhibirlos. Este tipo ya ha tenido suficiente. Yo, mejor que nadie, sé lo que es pasarse toda la noche trabajando en estas cosas. No merece este trato.
—Lo siento, señor… eh…
—Romana
.
Lo sabía.
—Señor Romana —prosigo diciendo—, pero todo esto es muy duro para mí. El sujeto fue durante mucho tiempo mi…
—Amante, sí.
—Amante, no. Compañero. Y no esa clase de compañero que se está pensando. ¿De acuerdo? Y ahora, no sólo está muerto, sino que…
—No es humano.
—Vaya, al fin lo ha dicho.
—Es la hora de ponerse seria. Ya no hay tiempo para melancolías. A pesar de que yo tendría que haber muerto antes que él—. Muy bien, en unas horas vendrá un equipo cualificado para llevarse el cuerpo. Entrégueme su informe y asegúrese de no quedarse con ninguna copia. ¿Lo ha entendido?
El forense se queda un tanto confundido ante mi flagrante e inesperada autoridad.
Oiga, señorita, ¿podría saber al menos a quién le he hecho la autopsia? Y ya puestos, ¿podría enseñarme otra vez su identificación federal?
Le muestro mi identificación.
El tipo mira mi foto y luego a mí.
Le queda mejor el pelo corto —opina—, señorita… Scully.
—Mulder, Fox Mulder
—le digo.
—¿Disculpe?
—Es el nombre del extraterrestre al que acaba de autopsiar.
.
.
Por Antonio Runa.
.
Leer la revista Nexus 2012 enriquece: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm
No pasa nada si lees las cosas más de una vez.

sábado, 6 de diciembre de 2008

LOS TRES CERDITOS:historias de comunidad.


Por Miguel Ángel Maca

En el corazón del bosque vivían tres cerditos que eran hermanos. El lobo siempre andaba persiguiéndoles para comérselos. Para escapar de la fiera, los cerditos decidieron hacerse una casa.”

El cuento escrito hace trescientos años y que Walt Disney se encargó de dar a conocer allá por 1933, en un afán por atrapar al mundo mediante mensajes subliminales en las redes de la doble moral americana, y en la que la fábula de una tortura al diferente , sin importar razón ni motivos, entraba por los oídos sin necesidad del incomodo pitido superpuesto, tambalea hoy la vivienda y convivencia del cochino previsor, que en un alarde de cochambre porcina descubrió que nada mejor que vivir en una construcción de sólido ladrillo para, escondido entre la multitud, disimular el aroma jamonero de su existencia en vida.

Dejando de lado la versión del cuentista y mostrando previo aviso el ” no apto para menores de trece años”, los hechos revelan que la urbanización creció aprovechando un momento de bonanza económica y en una avalancha de especulación urbanística y rodeados de chalés, los tres marranos decidieron vivir juntos, formando parte de una comunidad en la que las comodidades y entendimiento hacían las delicias de los hermanos, tranquilos por el arropamiento de los numerosos miembros que les permitían dormir sin la preocupación del merodeador depredador, del que por cierto misteriosamente nunca jamás se supo nada tras el remojón en el caldero en el intento de entrar por la chimenea.

Haciendo hogar de las cuatro paredes, que en un principio es casa, los guarros la convirtieron en la cómoda pocilga en la que nacieron y bien criados crecieron; escudados en que de puertas para adentro y sin pulsador de alarma vandálica, en nada interviene el vecindario sobre gustos decorativos, preferencias culinarias o mascarillas y rebozados cutáneos a base de excrementos que tan saludables y buenos resultados ofrecen en la luminosa y sonrosada piel de un verraco, el parque recreativo de la porqueriza del cuarto crecía sin control.

Queriendo hacer participes a los vecinos de semejante sensación de vivir, decidieron convertir la comunidad en parte de su dominio y expulsados del grupo por la devaluación del caché de Brenda y compañía, llegaron y viven en un piso alquilado dentro de mi edificio, del que casualmente tengo el impuesto honor de ser presidente durante un año.

He de reconocer que siempre me moví mejor entre personas, desarrollando un peculiar respeto hacia los animales, pero teniendo siempre claro el sitio que corresponde a cada uno.

Difícil situación con oscura perspectiva la que se me presenta, que tornándose, fin de semana tras fin de semana, de un marrón claro a un caqui mierda por las cada vez guarrerías más animales con las que nos sorprenden, no dejaron mas alternativa que llamar al lobo feroz, que en el cuento omitieron vive de una suculenta renta mensual por alquiler de viviendas a los puercos inadaptados y que con el invento de las transferencias, nada se volvió a saber de él en su territorio de soltería.
Una perfecta adaptación al medio, consiguiendo el dueño esconder tan frondoso rabo tras uno rosado y muellemente cargado de euros.

Cuando tradiciones animales y convivencia se enfrentan en desacuerdo, los concursos de salivazos en espejos de los ascensores, roturas de cristales, colillas por el suelo y llaves de la luz machacadas a coces se suceden en represalia, llegando por la falta de conciencia y educación, a mear por las esquinas en un alarde primitivo de volver a marcar territorios del que tantas veces fueron y son arrojados.

Toda fabula termina con una enseñanza, y no siendo esta de menos, evitando caer en la embriaguez del símil con botellas de licores de peras y manzanas que al parecer tan mal regusto dejan al mezclarse a la derecha de la boca, permítaseme un insustancial y novedoso ripio recordando y utilizando a Calderón de la Barca para declarar que para algunos:

La vida es mierda,

…y los cerdos, cerdos son.

jueves, 4 de diciembre de 2008

EL MISTERIO Y YO


Por Antonio Runa

No te enfades con el Misterio, que él no tiene la culpa”.
Más o menos ése fue el consejo que me dio alguien que se fue pero volvió, hace muy poco, al mundo del Misterio, y que se conoce esta obra de sobra, a los músicos y, de haberlo, hasta al compositor. Como si ya pudiera intuir que me encontraría un buen día con ciertas dificultades en mi avanzar por este mundillo, y que al mirar abajo encontraría mis pies enterrados en barro.
Pero yo ya venía de un buen enfurruñamiento con el Misterio de varios años, efecto secundario de una recta final hacia el suicidio por culpa de la ouija, que no acabó en tal, porque soy de mente lúcida la mayor parte del tiempo, y sólo una buena rubia de ojos azules puede sacarme de los peores quicios, pero esta historia sórdida ya la contaré cuando llegue el momento. La de la ouija, no la de la rubia, que la quiero a rabiar y como este texto se malinterprete podría darme invitaciones para un mes de noches de frío sofá, que no quiero ni en broma.
Pero es que en este mundo hay cada gilipollas…
Huy, lo siento. No sé qué me ha pasado. Luego viene mi representante, que también es mi editor, y que resulta ser una rubia de ojos azules con demasiado poder sobre la satisfacción de mi vida sexual y me dice que, con lo bien que escribo y tal, pongo demasiados tacos. Yo le salgo siempre con Cela, Pérez-Reverte, Gaiman o hasta Pratchett, pero suele responderme que no le venga con paridas. Huy, éste también se me ha ido.
Pero los hay…
Por eso tengo que ceñirme a la filosofía de Norman Pineda. Y ahora la pregunta es, ¿quién es Norman Pineda?
Digamos que conocí a Norman en otros foros (que uno no está metido en un solo hobby, a decir verdad). De hecho coincidí con él en uno de video-juegos, cuando yo aún creía en esas cosas, un poco antes de que la PS3 matase a cuchilladas traperas a su predecesora y la Crisis y su precio me expulsaran a patadas de ese mundo; y también en otro foro de cómics Marvel.
Inevitablemente, nos hicimos amigos. Mantuvimos conversaciones eternas por msn durante un tiempo. Luego se fue a otro estado de los States y le perdí la pista.
Norman podía presumir de haber estado en un set de Star Wars, ataviado con un traje diseñado expresamente para él, después de haber estado durante dos horas y media frente a un espejo para que le maquillaran a conciencia y llenaran su fofa cara con látex y pintura en aerosol. Me envió una veintena de fotos en las que salía con otros alienígenas como él de una galaxia muy, muy lejana. Consiguió un autógrafo de Hayden Christensen (sabía qué papel interpretaba, pero no tenía ni idea de quién era ese chaval, y ya pensó que no era muy Vader que se dijera). En teoría, Norman debería salir en la escena de la cantina del Episodio II, El Ataque de los Clones. Según él, hay un segundo de metraje en el que puede situarse más o menos en el escenario, pero no logra verse ni con pausa de DVD.
Pero la experiencia valió la pena, y ahora es la envidia de un montón de frikis de la saga de George Lucas.
Pero él no era un friki de la saga de George Lucas en aquellos días. Su fascinación por la doble trilogía vino después.
El caso es que mientras estaba allí, inmerso en ese planeta extraterrestre, en la capital de la República, con Jedis correteando por ahí en busca de un fugitivo metamorfo, él se sentía fuera de lugar. Y no quiso en ningún momento mezclarse del todo. Quiso destacarse como alguien que podía aportar algo, sin necesidad de inmiscuirse plenamente en la mecánica de ese universo.
Más o menos, como Miguel Ángel Maca y yo queremos mantenernos en el mundo del Misterio. Y esto nos condena, por supuesto, a un puesto que aún no sabemos concretar, porque venimos a una mesa a jugar a un juego distinto, con unas cartas de otra baraja y despreciando las reglas impuestas.
Porque la mayoría de la gente que se sienta en esta mesa, con este crupier, juega para agradar a los otros jugadores. Nosotros queremos agradar a los que están fuera de la mesa, observando la partida con atención. En realidad, es un error llamarnos a nosotros mismos jugadores.
Ahora soy Norman Pineda (donde quieras estar, amigo mío, vuelve a dar señales de vida). Soy un nautoliano, un droide o un qué-sé-yo, mezclado con otros vete-tú-a-saber, pero no soy uno de ellos. No exactamente.
Seguramente así me evitaré un montón de problemas.
Y el otro montón, pues, obviamente no.


Lee la revista Nexus 2012: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm
En serio, léela.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

"ANICETO", anda suelto


Por Miguel Ángel Maca


Contrario al berrinche incomprendido del niño al que se le niega el juguete de su último y más reciente sueño, que será sustituido por el del pasillo siguiente, el disgusto del hipocondríaco lejos del destierro con el descubrimiento de un nuevo peligro, se añade en un suma y sigue a la enciclopedia médica personal, a todos transferible y solo compartida entre los que agraciados con la virtud de la paciencia, escuchan y administran el placebo que otras veces funcionó.

En un imperial "Divide et vinces" de polos iguales, se impide y desaconseja la unión de aprensivos, descargando en la casualidad toda culpabilidad del melodrama producido cuando raramente se juntan dos de la misma condición.

En mi caso, engordando la estadística, tuve en suerte de arrimarme a la fortaleza, disimulando entre su aguante al sufrimiento mi flaqueza ante la enfermedad y la fobia y terror a los médicos; acompañado por mi mujer y en un derroche de valor, he logrado incluso salir andando victorioso de una analítica.

Y es lo que siempre digo cuando me sale el instinto paternal hacia mi camada:

"Si algo tiene que suceder a los niños, que le pase a su madre".

El enemigo acecha y parapetados en la información nos sentimos promotores de los síntomas, bajo el mando de una tensa calma, evitando a toda costa convertirnos en protagonistas de la batalla.

Al igual que la luciérnaga es atraída por la luz, el foco del que nos nutrimos los aprensivos son las conversaciones y datos publicados, que nos aportan la dosis de inmunidad que necesitamos para esconder el pavor a caer enfermos bajo los efectos de algo que desconocemos.

Un novedoso enemigo invisible ha surgido, para disgusto de mis entrañas, llamado Acinetobacter Baumannii, que siendo una bacteria y produciéndome únicamente escalofríos, me referiré a ella desde hoy como “Aniceto”.

Al parecer “Aniceto” tiene la particularidad de vivir con nosotros durante años sin que nos enteremos, en nuestra piel, en prendas de ropa, etc...; viaja sin pagar billete y siendo la inofensiva compañía, en un ataque de rabieta que quien entiende a estos bichos, puede ser mortal.

Lo peor de mi reciente descubrimiento es que los científicos se han dormido en los laureles y que confiados en tener dominadas toda clase de bacterias con los socorridos y auto recetados antibióticos se dan de bruces con un arma de destrucción masiva en nuestro organismo, que se pone a tocar las pelotas en el peor de los momentos, que no es otro que estando bajos de defensas.

A Todos mis familiares, amigos y conocidos, sabedores de lo reacio que soy a las visitas hospitalarias y tras la noticia de que “Aniceto” se hace fuerte en los centros sanitarios, os comunico mediante esta entrada que desde este momento las corto de raíz.
Por supuesto, me preocuparé por vosotros y os veré utilizando la maravillosa tecnología 3G, que hasta que se demuestre lo contrario, no se conocen casos de propagación por las ondas.

Si soy yo el que cayera enfermo os eximo de semejante calvario, que aunque ahora se os antoje alarmante, me agradeceríais si supierais lo fácil que es cogerlo.

Que paséis feliz enfermedad y si a alguno le toca en suerte la Anicetoprimitiva, le veo adornado entre flores al otro lado del cristal.

martes, 2 de diciembre de 2008

HERMANO CÓSMICO


Por Antonio Runa

Lo dice la astrofísica nuclear moderna, no lo digo yo: Estamos hechos de materia estelar, la misma que forma las estrellas y los planetas que las circundan. Tenemos que quitar el hidrógeno de la ecuación, pero hierro, calcio y carbón, horneados en estrellas rojas gigantes hace miles de millones de años, dieron como resultado el que yo haya escrito esta entrada y tú la estés leyendo. Afortunadamente para la Humanidad, ha servido para muchas más cosas. Y también desafortunadamente.
Nuestro planeta es hermoso e impresionante, lo es mucho más cuando indagas acerca de los otros planetas del Sistema Solar y los cientos de satélites que se encuentran en él. Sí, a su manera son interesantes y eso… Pero luego vuelves a la Tierra y te dan ganas de llorar.
Aunque sólo sea un granito de arena en un desierto enorme. Un átomo de un granito de arena. Un electrón de un átomo. Una pequeña insignificancia azulada en un cosmos con un tamaño difícil de concebir. Una gilipollez, para que nos entendamos.
Lo cual nos deja a nosotros un rol algo menos que intrascendente en esta gran obra sideral. Por mucho que nos empeñemos. Y es por eso que, mientras la ciencia no para de decirnos que somos insignificantes, que no sólo somos un hálito de nada en el espacio inconmensurable, sino también en el tiempo, porque por mucho que duremos no seremos ni un ápice de un latido cósmico, y habremos dejado de ser cuando al universo le queden miles de cuatrillones de años de existencia, sino más, una mierda para que nos entendamos; la religión no para de decirnos que somos imprescindibles, que somos el ombligo del universo, que el motivo de TODO ESTO no es más que el desarrollo de la vida, y la culminación de la misma no es otra cosa que el Ser Humano, que dejará huella en el espacio-tiempo mediante una suerte de impronta espiritual y que los incontables cuatrillones de años de existencia del universo importarán más bien poco porque el Hombre habrá trascendido a otros niveles de existencia superiores, y logrará la perfección absoluta, sino más, la hostia, para que nos entendamos.
Pero seguimos viendo el universo como un ajeno a nosotros. “¿El universo ése, de qué va?” A pesar de que estemos hechos de la misma materia básica. Nos creemos importantes, decisivos, el objeto de todo cuanto es, y necesitamos agarrarnos a un nimbo de inmortalidad, porque no sólo somos importantes y decisivos y todo eso, a nivel global, sino a un nivel individual. Porque debe ser muy jodido aceptar que uno tiene lugar lógico únicamente a nivel humanitario, y que como persona nada de lo que hagamos es destacable.
Y, las cosas como son, si el día de mañana mismo la ciencia demostrara sin lugar a dudas que no existe el alma, ni una vida después de ésta, ni una sola pizca de misticismo, de espiritualidad, de esoterismo, ¿qué nos quedaría? ¿Qué sentido le buscaríamos a la vida? Procrear para salvaguardar la especie, para perpetuar la vida, no nos hace mejores que un virus. ¿Para qué demonios voy yo a acabar esa maldita novela que se niega a ser escrita? ¿Para qué me molesto en escribir esta entrada?
No me vale con mirar al cielo desnudo y sentirme hermano de esas estrellas que me guiñan el ojo (por un efecto visual atmosférico, todo cabe decir). ¿O quizá sí?
Bueno, a lo mejor todo es una cuestión de aceptar que ser hermano cósmico de esos astros celestes que me guiñaron el ojo hace millones de años, no esté tan mal, después de todo.
Y acabar la novela siempre será una buena idea. Y procrear también.



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domingo, 30 de noviembre de 2008

¿BUENOS DÍAS?

Por Miguel Ángel Maca

El gato estaba especialmente juguetón, cuando legañoso y con chancletas, abrió la puerta del salón.

Tomó la decisión de aislar al felino en cómodo presidio de cojines, televisión y calefacción central, para evitar, en un ataque de locura programada, acabar con la séptima alma del maniático que afilaba sus uñas desperezadamente en el sillón que tenía en la habitación; los hilos blancos colgaban heridos haciéndose notar contrastando con el aterciopelado color rubí en que se sentaba a ponerse los calcetines, cuando no estaba lleno de ropa amontonada y lista para el remojón en suavizante.

Misi, era un callejero rescatado de un saco, que en dirección a la presa llevaba la señora María en la mano, para una vez más terminar con la camada de la gata parda, que ligera de cascos, gustaba de salir por las noches sin importarla encontrar por compañía aristogato o habitante del arrabal.

Mientras el dueño lo miraba pensando en que el sobrepeso de la buena vida se acomodaba bajo un pelaje brillante y salpicado de rayas oscuras, la mascota se divertía con algo entre sus patas delanteras, estirado y volteándose sobre los lomos, en actitud tan simpática que invitaba a la imitación sobre la placentera tarima.

Esbozando una sonrisa volvió a encerrarlo y presto comenzó el rutinario aseo.

Durante el ceremonioso y sosegado cepillado de dientes, que tiempo habría de correr en el trabajo, en vez de mirarse durante interminables minutos al espejo y huyendo de la obsesión con la imagen aceptándose tal cual, le gustaba reflexionar y trazar el plan de ataque a la jornada mientras la mano, ajena a reuniones del mando táctico, ejecutaba ordenes precisas del dentista.

La semana anterior había leído en una revista un articulo titulado "10 claves para ser feliz” y ya que era imposible dedicar tiempo al descanso y hacer el amor regularmente, planificaba minuciosamente salidas con amigos, visitas al cine o paseos por el campo.

Embadurnado en espuma de afeitar acompasaba el paso de la cuchilla, ahora perfilando la perilla, con un canto gutural en desafiante atentando contra la métrica musical.

Con media cara rasurada, se preocupó por un detalle escapado a la conciencia y que ahora amenazaba su felicidad, repasando la primera instantánea del comedor.

¿Con que estaba jugando el gato?

Apresurado, se asomó, y la imagen de frágiles huesos rotos a merced de peludos puños golpearon el más que nunca etéreo buen humor.

El hámster había escapado de su jaula rodante y blanco de pelo, fue diana, delicia de juegos y objeto del indomable instinto de la que creía inofensiva mascota.

Masajeando en círculos sus ojos y con media cara escondida tras color de mimo, decidió sin más acostarse de nuevo en previsión de no tener que arrepentirse de nada más en el transcurso de la fecha, convencido de que hay mañanas en que es mejor no levantarse.

Dura lección, que por ser la victima un roedor esconde el olvido del humano, exculpa al asesino y homenajea al pobre animal que se enfrentó a un gato sin la menor de las posibilidades, por culpa de un sillón y poniendo de relieve la incontestable verdad como es que, disgusto de los unos provoca delicias de los otros.

Amo y mascota durmieron placidamente hasta el siguiente amanecer, más contentos que el que lo hizo eternamente.

Nadie dijo que la ley del más fuerte, no fuera una jodienda.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Voy a matar a una persona



Por Antonio Runa

Todos llevamos un asesino dentro. Todos somos psicópatas. Del mismo modo que la fidelidad es una simple cuestión circunstancial, el instinto asesino puede aflorar más fácilmente en unas personas que en otras, pero a todos, si nos aprietan las tuercas, se nos puede llevar hasta el homicidio voluntario.
Quizá por eso la serie Dexter, que hace no demasiados años habría levantado polémicas en todo país donde se emitiese, hoy día casi pasa desapercibida. Porque hay una mayor aceptación para esa exhibición de principios. Porque vivimos el gran tiempo de los antihéroes.
Seamos sinceros, la justicia no es tal, las leyes no son capaces de dar su merecido a determinados criminales. Los chicos malos campan a sus anchas en nuestra sociedad dócil y consumista, donde nadie se mete en los problemas de nadie. No hay paladines anónimos que le den su merecido a los elementos desentonados de nuestro supuesto mundo civilizado.
En ocasiones, me veo a mí mismo planteándome si sería capaz, si no desistiría a mitad de camino, si abandonaría. En el caso hipotético de que esas personas a las que detesto profundamente, por muchas y poderosas razones, acabaran en una camilla, inmóviles y amordazados, después de soltarles mi coloquio, mi discurso de justiciero, de hacer entender a mi futura víctima que está en esa situación por un buen motivo, que el acto en sí no es más que un mensaje, en ese caso hipotético, como digo, ¿sería capaz de torturar y finalmente quitar esa vida? Y sopeso todas mis actitudes, mi gran empatía por el género humano y mi exceso de emoción en prácticamente todas las empresas que decido acometer en la vida. Soy demasiado humano, supongo. Pero hasta con ésas, sin necesidad de ser un psicópata, se puede ser un asesino en serie, se puede ser un Vigilante (enmascarado o no), se puede tomar revancha hasta las últimas consecuencias.
¿O no?
¿Cuántas veces hemos querido matar a alguien por esa jugarreta que nos ha hecho con el coche? Teníamos el ceda el paso, ha sido él quien ha cometido la infracción, y encima nos ha amonestado con el claxon. Ha profanado nuestro único templo de plena libertad, el único lugar donde nuestra palabra es ley y última, nuestro diminuto reino aislado y personal. Por ello, algunas personas se transforman al volante. Es la oportunidad en su día a día de ser ellos mismos. En ningún otro lugar pueden liberarse de mejor manera. Y que venga otro a violar su lugar de poder…
¿Cuántas veces hemos querido matar a algún superior? Esos jefecillos que se creen capitanes y no pasan de sargentuchos chusqueros. O los que anidan en las altas esferas y nunca se manchan las manos estrechándonoslas. Esa sensación que se apodera de nosotros cuando nos hablan de esa manera altiva e improcedente. Y nos vemos con sendos cuchillos, revólveres de alto calibre y hasta motosierras, seccionando y desgajando esa soberbia prepotente y rebajando su condición hasta lo más bajo. Teniendo poder sobre sus vidas y muertes.
¿Cuántas veces, escuchando las noticias que hacen referencia a redes de pornografía infantil, hemos querido rodear con nuestras manos los cuellos de esos pederastas infames? En la sala de nuestra imaginación se ha proyectado una película protagonizada por nosotros mismos y esos depravados que violan críos. El atrezzo es simple, paredes cubiertas de plásticos, una silla con correas, cinta aislante, guantes de látex, indumentaria de operación y una maletín lleno de instrumentos de cirugía. Puede que una cámara de vídeo (depende de lo furiosos que nos pongan esas noticias y lo retorcidos que seamos).
Pero luego se nos pasa. Seguimos con nuestra existencia, vulgar y mediocre, quizá, pero nuestra. Hacemos tiempo hasta la siguiente vez que tengamos que soportar otro chaparrón y reprimamos nuestros instintos homicidas. Por ello, algunos nos sentimos identificados con ese forense del Departamento de Policía de Miami, el mismo que elige a aquellos que quedan por encima de las leyes, y les aplica un serio y fatal correctivo (mucho más sórdido en las novelas que en la pequeña pantalla, todo cabe decir). Porque supongo que él es libre para hacer lo que nosotros no nos atrevemos.
Y después nos encontramos con el miedo a la cárcel. Un miedo alimentado por el cine y la televisión, y que aquellos que nos gobiernan fomentan con pretendido buen criterio. “Si eres malo, ya sabes lo que te espera”. Con ese miedo en el inconsciente, ya son muchos los que no son capaces de dar siquiera el primer paso. Por ello, el cuchillo se queda en el cajón de la cocina, el revólver de alto calibre más allá de nuestras vidas de ciudadanos modélicos y la motosierra en el cuarto de las herramientas de nuestra casa de campo.
Y nuestra paciencia sigue soportando prácticamente lo que sea, cada día de nuestras vidas. Nuestros demonios internos, contenidos eficientemente. El psicópata no toma el control.
Gracias a Dios.

No, no voy a matar a una persona, a pesar de que ése sea el título de la entrada. Aún no he reunido el valor necesario. Todavía me sigo poniendo en el lugar de los demás. No soy capaz.
Pero sigo orquestando mi plan, meditando acerca de su puesta en escena, puliendo detalles. Me voy convirtiendo en el monstruo que me hace falta ser, para hacer lo que alguien debería hacer y no hace. Permito a otros que me corrompan, que me hagan alejarme del Cielo para abrazar el Infierno.
¿O sólo consiento que estas ideas me ronden la cabeza para escribir impactantes entradas como ésta? No importa, yo, por si acaso, seguiré perfeccionando mi plan.

Me entretiene una barbaridad…



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miércoles, 26 de noviembre de 2008

LA SILLA

Por Miguel Ángel Maca

Se trataba de un hombre octogenario.
Vestía camisa blanca de hilo tan fino, que dejaba entrever debajo una camiseta de tirantes.
Los pantalones oscuros, de un tejido algo más fuerte, subidos hasta más arriba del ombligo y atados, fuertemente, con un cinturón curtido en mil batallas, con el cuero desteñido y arañado por el tiempo, la hebilla deslucida y graciosamente ladeada hacia la izquierda.
La cabeza cubierta con una gorra azul celeste que seguro ocupaba un puesto vitalicio desde hacia mucho tiempo en tan altiva posición.
En la mano, cual centenaria arma blandida en tiempos de juventud, una garrota de madera, con una gran goma negra en la punta a modo de bayoneta.
Tenía una cara agradable, rebosaba simpatía. Puede que alguna vez tuviera los ojos claros;
el tiempo, implacable, borra toda mirada de vida como si se tratara de un tributo cobrado por haber sido testigo tantas veces.
Miraba algo que estaba junto a un contenedor de basura.
Era una silla que alguien había tirado. Su estado era deplorable, la tapicería rota y desgastada, el respaldo cedido por el uso y una de las patas reparada con precinto.
Había cumplido su función con creces.
¡Estaba en el sitio justo¡
La estudiaba desde todas las perspectivas. En un penoso intento de agacharse le faltó poco para perder el equilibrio. No cejó en su idea y tras afianzar su apoyo contra la acera en un ángulo más agudo y estirar una pierna en antiestética postura, consiguió palpar el pegajoso vendaje.
Su indignación crecía por momentos.
Los que en ese momento pasábamos por allí le oíamos relatar lo que parecía una locura de viejo.
- ¿Cómo se puede tirar una silla que esta nueva? Después dicen que hay crisis.
Nos hizo gracia en un primer momento y todos esbozamos, sin malicia alguna, una sonrisa.
Por su cabeza pasó la idea de cargar con ella, pero su cuerpo en rebelde desacuerdo terminó por disuadirle.
Una hora mas tarde, asomado en la terraza de mi casa, pude ver, como un hombre joven cargaba con ese mismo asiento a la espalda.
No pude por más que acordarme del viejo tasador de la basura.
No se si volveré a encontrarle para decirle que comprendo su enfado, que viejo no significa inservible, que no pude ver en un primer momento la similitud entre la raída silla y él.
Hay personas que, movidas por la necesidad, si saben captar la esencia y utilidad de las cosas que otros desechamos, personas que todavía comprenden que el envoltorio es solo, y en muchas ocasiones, una treta comercial.Ven el fondo y no la forma.
La vida nos ofrece continuas enseñanzas y la mayoría de las veces no sabemos tomar apuntes.
Nos ponemos en evidencia al creernos y sentirnos por siempre, esos jóvenes alumnos aventajados en la carrera hacia nuestro deterioro.

lunes, 24 de noviembre de 2008

LA BLANCURA CONTRAATACA.

Por Miguel Ángel Maca


Pobrecitos los chicos del CSI Miami, Las Vegas y Nueva York, que a partir de ahora tendrán que buscar alguna utilidad para sus discotequeras lamparitas de luz azul con las que acostumbran a sacar los colores a jovencitos seguidores de Onán y, adolescentes descubridores del amor sobre tapicerías de coches de papas, que olvidaron a la entrega de llaves y antes de salir de casa añadir en el discurso el pronombre "te" al consejo "No corras".

Grissom, Warrick, Nick, Jim, Greg, Horacio y Calleigh, por citar a algunos, han sucumbido y tenido que rendirse ante la inteligencia superior y empeño de las lavanderas, que desde tiempos inmemoriales se han preocupado y obsesionado por obtener la limpieza mas blanca.

Científicos españoles han descubierto que el oxigeno activo presente en la marca Neutrex, borra los restos de sangre delatora que resistía a diez lavados y que tanto regocijo provocaba en los investigadores americanos cuando detectaban el "Miró", salpicado sobre prendas de vestir y camas.

La victoria por la perfección ha echado por tierra las pruebas de la fenolftaleina, el luminol y el inmunoensayo de hemoglobina, saliendo victorioso el blanco nuclear y la limpieza total de millones de usuarios que pueden esconder más que nunca culpas, delitos e infidelidades tras una pulcra apariencia.

Por suerte para el ciudadano de a pie, no es real la idea que transmiten las teleseries del morbo, que sin prueba pericial no haya delito. Los malos seguirán pagando sus fechorías aunque por muy rápidos y eficaces que sean los fantasiosos agentes del CSI, que no asisten a la cita con la pareja que decide dar una última oportunidad antes del divorcio hasta que detienen al malo del capitulo, en España tardarán mucho menos tiempo en un prelavado, lavado y centrifugado con cualquier programa corto, pudiendo asistir al interrogatorio con la misma ropa con la que cometieron el delito.

Las policías científicas de todo el mundo están de uñas y más perdidas que un ratón en un termo -nunca comprendí esta frase que utilizaba alegremente mi profesora de matemáticas cuando salíamos a la pizarra-, sin saber a ciencia cierta si es más culpable el fabricante, o el investigador de tan inoportuno descubrimiento.

De ahora en adelante los detectives habrán de infiltrarse en lavanderías y corrillos de las fuentes entre cánticos, chismes y confesiones sobre maridos de mujeres entre risas, hasta dar con el asesino que será, como no, el que lleve la ropa mas limpia.

domingo, 23 de noviembre de 2008

DESTRUYENDO MITOS


Por Antonio Runa

Cada cierto tiempo, cuando nuestros propios avances nos ralentizan por el principio básico de que es más difícil progresar cuanto más lejos vas llegando, se hace necesario reinventarlo todo desde el principio.
De la misma manera que el mito 007 fue recreado a través de una destrucción absoluta de todos y cada uno de sus pilares básicos con la apertura de la nueva etapa, con Daniel Craig en la piel del agente secreto inglés (parece que ya nadie se acuerda de las feroces críticas que recibió antes del estreno de Casino Royale). Allí murió gran parte del machismo del célebre hijo de Ian Fleming, por no decir todo, esa chulería snob, el uso de tecnología absurda, sus indestructibles peinados pijoteras, sus atolondradas acompañantes adictas al descoque accidental y, gracias a Dios, sus lapidarios chistes facilongos. También es verdad que Bond, James Bond, le debe dar unas cuantas palmaditas en el hombro al amnésico Jason Bourne, o como se llame en realidad, que ni él ni yo nos acordamos; pues la presentación del apasionante mundo del espía desde una visión actual con ciencia y ficción pero sin ciencia-ficción vino de la mano del personaje de Matt Damon, y ahora parece impensable tratar esa temática de otra forma que no sea ésa.
Y yo lo siento por los fans de Connery, pero yo ya tengo Bond favorito, y no es el inolvidable Sir escocés.
Pero no voy a hablar de eso, o no quería, al menos. Pero supongo que es necesario empezar con algo comprensible antes de ponerse algo más incomprensibles.
Nos hace falta destruir ciertos mitos ya rancios y abolengos de los que creemos ser partidarios incondicionales (es extraordinario lo fácil que es sorprendernos viéndonos ser infieles a iconos que creíamos sagrados), cuando éstos ya no dan más de sí, aunque queramos, y su perfeccionamiento empieza a brillar por su total ausencia. Y con esto no quiero dar a entender que haya que ser desleales por naturaleza, que ciertas deslealtades son necesarias para el prosperar y el no degenerar del individuo, mas es bien sabido que se muere cuando no se evoluciona, sin obviar que muchas veces no es momento aún de evoluciones y que ciertas de éstas son la muerte. Con medida, todo acaba viniendo bien, ya sea carne o pescado. Que muchos médicos aseguran que para la comida una copa de vino durante, y un cigarrito después, ayudan a hacer bien la digestión, pero no sirve de excusa para pillarse un ciego de tinto o fumarse hasta el filtro un paquete diario. Pero todo vale como un excusa para muchos que todos nos sabemos.
La creación mediante la destrucción previa es motivo de reflexión, para determinados casos que han topado con callejones sin salida, más no como mecánica de trabajo habitual. Sean cuales sean esos trabajos.
Porque no todo lo clásico perdura siendo igual de bueno (que hay clásicos de su tiempo que han envejecido pero que muy mal), y nada y nadie puede presumir de ser eterno e incombustible, pues estos últimos adjetivos son definitivos de lo vil e imperfecto.
Por tanto, bueno es derribar para reconstruir, cuando se debe. El problema está en saber cuándo y cómo.
Al menos con el gran bebedor de martinis con vodkas agitados pero no mezclados, el reseteo le ha venido bien. Otra cosa es que dure más allá de una trilogía, bien porque pierda el norte, o bien porque al Sr. Craig no se le vea mucha cara de querer seguir al servicio de Su Majestad por mucho tiempo.
Pero tenedlo claro, amigos, esta entrada no habla de James Bond.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Las autoridades internautas advierten...



Por Miguel Ángel Maca:

Querido adicto que me lees: he de comentarte algo inquietante que puede que estés sufriendo en tus propias carnes, sin que seas todavía consciente de lo que te sucede. Somos propensos a caer, como moscas en telarañas, en las redes de una sociedad tecnológica disfrazada de divertimento, pagando como precio convertir una afición, en el medio alrededor del cual gira nuestra existencia. Adicciones hay muchas y pudiendo costearnos las más caras, ¿ cómo no caer y permitirnos las más cómodas y asequibles para nuestros bolsillos, así como gratificantes para el ego destrozado? No creas que necesitas consumir drogas para ser un adicto. La adicción es básicamente “un abuso” que tiene como consecuencias el convertir una actividad en lo más importante de la vida, dominar pensamientos, alterar tu conducta, modificar el humor, requerir un incremento de la actividad y, crear un conflicto a parte de contigo mismo, con la gente que te rodea. Es una norma habitual negativa que escapa a tu control.

Ahora que estás delante de la pantalla, preguntándote a dónde demonios conduce todo lo que estás leyendo, te propongo un sencillo test que te permitirá averiguar si eres adicto a nuestro amado Internet:



1. ¿Te sientes preocupado con Internet (pensamientos acerca de la última conexión o anticipas la próxima sesión)?
2. ¿Sientes la necesidad de incrementar la cantidad de tiempo de uso de Internet para lograr la satisfacción?
3. ¿ Has hecho repetidamente esfuerzos infructuosos para controlar, reducir o detener el uso de Internet?
4. ¿Te has sentido inquieto, malhumorado, deprimido o irritable cuando has intentado reducir o detener el uso de Internet?
5. ¿Te quedas más tiempo conectado de lo que inicialmente habías pensado?
6. ¿Has perdido o puesto en peligro alguna relación significativa, trabajo, oportunidad educativa o profesional debido al uso de Internet?
7. ¿Has mentido a los miembros de su familia, terapeuta u otros para ocultar su grado de implicación con Internet?
8. ¿Usas Internet como un medio de evadirse de los problemas o de aliviar un estado de ánimo?


Toda causa conlleva un efecto y los de la obsesión a Internet son fáciles de identificar por uno mismo, y por los que te rodean:

Privación del sueño, fatiga, debilidad, deterioro de la salud, falta de comunicación con los miembros de la familia en el hogar, incremento de la depresión y la soledad, mal humor, ansiedad, impaciencia por la lentitud de las conexiones, aislamiento, falta de atención a otros aspectos de las obligaciones…

Es el momento de la reflexión y del análisis de cuantos pasamos “demasiado tiempo” frente a la pantalla. Es el momento de disfrutar de una sobremesa en vez de salir corriendo hacia la red. Es el momento de ver una película reunidos en familia. Es el momento, en definitiva, de reorganizar nuestra escala de valores cotidianos.

Sin que sirva de diagnóstico para los que hayamos respondido afirmativamente a 5 o más de las preguntas anteriores, pensemos que nos enfrentamos a un problema que absorberá las pocas energías que nos dejen las agotadoras jornadas de trabajo y que nos privará de la libertad que tantas veces reclamamos y proclamamos.

Internet también tiene cosas buenas, pero esas son ya razones de sobras conocidas entre nosotros, los ciber-adictos.

martes, 18 de noviembre de 2008

LADRANDO, SE ENTIENDE LA GENTE.

Por Miguel Ángel Maca

El que algo viejo se estropee, aun causándonos disgusto, es al menos la confirmación de lo esperado desde hacia tiempo. Es este tipo de contratiempo el que guardamos los amantes de lo antigüo en el saco del afecto y, al que la mayoría de las veces no nos resignamos a aceptar el fallo que pone fin a la vida útil del objeto. Pensamos que al igual que nosotros, siempre se está en condiciones de aguantar un día más.

Ahora bien, con la iglesia hemos topado cuando el problema nos lo ocasiona algo nuevo, convirtiéndose la contrariedad en la jodienda del siglo que tanto escozor produce en el orgullo por lo mucho presumido.

La abuela de mi mujer, a la que quiero y tengo en consideración como a las mías, desde su sabiduría y autoridad en la materia del achaque otorgada y avalada por noventa primaveras, me repite constantemente:

"...Miguel, que precioso es todo lo nuevo."

Y no le quito razón a la voz de la experiencia, aunque la historia de una reciente adquisición no siempre comienza a escribirse de la mejor de las maneras.

Teniendo el pastelón entre manos y pudiendo siempre el azar rizar el rizo acompañado del peor de los momentos, la catástrofe es de tal magnitud estando de por medio un fin de semana o día festivo, que ríome yo de la temperatura del núcleo de una central nuclear comparada con la de nuestra cabeza mientras fragua la calenturienta protesta.

Jorge Manrique nos susurra y recuerda “cuan presto se va el placer, como, después de acordado, da dolor,…” mientras recapacitamos hiperventilados deseando que no haya rabieta que dure cuarenta y ocho horas en espera del lunes. Pero no paramos de dar vueltas a la carcoma, aferrándonos a esa crisis que creímos pasajera, hasta descubrir que es la añoranza de lo sustituido la que nos atormenta recitando el final de la estrofa "...como a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor."

Maquinamos para buscar un culpable en quien descargar la ira, y después a alguien que nos restituya la dignidad del que se siente engañado. Somos así de ignorantes al no conformarnos con la reprimenda del jefe al empleado, que por otra parte siguió indicaciones del mandamás en busca de los objetivos que le permitiera cobrar un mes más.

Denunciamos a la empresa, pero ¿y qué pasa con el vendedor? A fin de cuentas fue él quien nos convenció para comprar la bazofia de la que dudaremos lo que nos quede de vida. Si ya da problemas de nuevo, ¿qué será cuando tenga un año?

Es el momento en el que nos gustaría creer en el budú o gastar nuestros ahorros en contratar al sicario que en vuelo relámpago terminase con el estafador.

La desesperación no nos deja reaccionar y aunque mil veces oímos quejas de ciudadanos a los que nada han resuelto las instituciones de ayuda al consumidor, vemos ahora en ellas, ahogados por el problema, la tabla de salvación de tan negro color como la perspectiva e intento de explicar con coherencia y objetividad nuestro altercado en una hoja de reclamación.

Para nuestra tranquilidad, llevamos en los genes la templanza del español que con dos gritos desinfla la sinrazón acumulada. El engranaje se ha roto con dos bocanadas de aire y nada de lo planeado o pensado traspasa la cordura nublada durante unos días. Este estado desencaja al empleado de atención al cliente que, desde el burladero, está preparado para el impacto de un astado nervioso, pero no para el que seguro de si, va con la lección aprendida. Las preguntas precisas con la respuesta estudiada son la losa que aplasta a nuestro interlocutor que muestra signos de desconcierto ante el que no se conformará con un regalito o vale descuento.

Siempre que nos pasa tan molesta situación o alguna parecida tras una nueva adquisición, apretando en un punto mas el collar de los despropósitos, ladramos olvidando que perro ladrador poco mordedor, recordando después y tarde, que a buen entendedor pocas palabras bastan.