jueves, 25 de diciembre de 2008

¿Qué ha pasado con MYSTERIIS?


Por Antonio Runa

Supuse que una pequeña novela presentada por entregas, casi un folletín, de las experiencias de un grupo de investigación de casos paranormales llenaría esos huecos que nuestra revista Nexus 2012 tenía. Puede que no le ocurra a Miguel Ángel, mi compañero en la dirección de este proyecto, o puede que sí, pero yo siempre tengo la sensación de que a todos los números les falta algo, que no hemos sido capaces de meter todo lo que queríamos o con la calidad que nos propusimos.
Mysteriis sería esa ventana que ofrecería algo distinto, aunque fuera dentro de los límites del misterio.
De algún modo, siempre tuvimos claro que en Nexus 2012 habría hueco para la narrativa, para pequeños relatos, fragmentos de sueños y retazos de fantasía, sin complicaciones, sin ninguna pretensión. Simplemente, imaginación pura y dura.
Incluimos los dos primeros capítulos de Mysteriis en los números de octubre y noviembre. Realmente yo tenía un esquema de lo que sería la historia, pero aún había mucho por definir. En muchos capítulos no habría ni una sombra de parapsicología, ni misterio, ocultismo, ni nada de eso. Únicamente la complejidad de la vida de esos investigadores, de las relaciones que existían entre ellos, el único misterio que ninguno se atrevía a investigar. Demasiado denso, y era necesario seguir la historia desde el inicio, lo que le complicaría mucho la vida a un lector que se enganchase al número de abril, por poner un ejemplo.
Por otro lado, siempre tuve la sensación de que casi nadie lo leía. Era el apartado de la revista que más tiempo me quitaba, necesitaba varias tardes enteras para escribir esa pocas páginas en las que, siendo sincero, tampoco es que pasara gran cosa. Supongo que su mayor logro, más que aquello que se contaba, era la personalidad del protagonista y su forma de contar lo que sucedía en tiempo real. Un recurso que siempre utilizo en mis escritos (aquellos que me conocen ya lo saben de sobra).
Demasiado trabajo y, creo, poco reconocimiento por ello. Ni uno solo de nuestros lectores me ha mandado mail alguno acerca de la desaparición inmediata e imprevista de esa “sección”. Ya en el número de diciembre, Mysteriis no aparecía ni por el forro, y pocos lo notaron.
Una parte de mí lo agradeció bastante. No sabía cómo quitarme de en medio esa responsabilidad. En lugar de haber empezado desde el número 1 con una suerte de sección de relatos cortos, me metí en toda una novela. Todo un problemón para alguien que ya estaba enfrascado en otra novela de dimensiones semejantes.
Supongo que no lo pensé. Supongo que tampoco pensé que Nexus 2012 siguiera con vida a primeros de año (hombre de poca fe). Supongo que tengo que deshacerme de toda esta modestia de mierda si quiero que las cosas sigan funcionando progresivamente, como lo están haciendo hasta el día de hoy.
Y tampoco me parecía bien cargarme al protagonista en el siguiente episodio para eludir responsabilidades. Así que simplemente guardé a Cristian, Paula, el profesor Massip, Erich el holandés y Celine en un cajón, con la esperanza de que nadie se diera cuenta. Y casi nadie se dio cuenta, insisto. Para mi satisfacción. Para mi pesar. No termino de aclararme al respecto.
Queremos seguir dedicando algún espacio en la revista (o “boletín”, como insiste en denominarlo mi buen David Cuevas que, por otra parte, quizá tenga razón) a la narrativa y al relato corto, porque es un espacio bien agradecido que, en muchas ocasiones, le otorga al total del trabajo mensual realizado un nosequé muy especial.
¿Mysteriis? Bueno, me gustaba escribir sobre esa gente, en serio. Les había cogido cariño, como siempre me ocurre con esas personitas que me saco de la manga y acaban independizándose de mí a las primeras de cambio, cualidad o defecto propio de escritor demasiado apasionado y quizá no demasiado profesional, que niega su derecho a tener el control total de la narración a favor de la libertad del personaje. Como esas Inteligencias Artificiales de algunos videojuegos que únicamente otorgan unas directrices y pautas de conducta a los personajes controlados por el sistema, dejándoles luego a sus anchas.
Yo sólo sé de acontecimientos que ocurrirán, pero el modo en que los personajes se ven afectados por los mismos, es cosa de ellos. Me estoy acostumbrado bastante a ese topicazo de “a mí que me registren”, pero, las cosas como son, en lo referente a estas cosas, a mí que me registren.
Cristian y compañía seguirán en La Nada hasta que los suficientes Atreyus me digan que merecen salir de ahí. Llamadme, Gmork, si queréis.
Supongo que tengo que soltar lastre por algún lado si quiero que esa otra novela (que no tiene nada en absoluto que ver con el mundo del misterio), la cual llevo miles de años escribiendo, se acabe de una santa vez.
En ocasiones como ésta, y son unas cuantas cada poco tiempo, me acuerdo de esa célebre frase del Capitán América que hace alusión a la gente que “muerde más de lo que puede tragar”.
Bueno, en la antigua Roma vomitaban cuando ya no les cabían más manjares dentro. Y luego seguían poniéndose como cerdos.
Creo que es más juicioso, en este momento, seguir los consejos del Capitán, antes que los del César.