miércoles, 17 de diciembre de 2008

LA AUTOPSIA


Intentaré que mi voz no resulte demasiado quebrada.
Y dígame, doctor, ¿qué resultados ha obtenido en la autopsia?
A pesar de mis ojeras, de mi palidez casi amarillenta, de mi cada vez más frecuente baja forma física, mi voz suena absolutamente impersonal. Casi como si no me importara.
Hemos hallado algunas mutaciones interesantes en pulmones y páncreas, por no mencionar el hecho de que su cerebro esté unos cincuenta mil años más avanzado en lo que a materia de evolución se refiere.
Su nombre es Brian Romana o Romano. Me lo ha dicho al entrar en el laboratorio, pero yo no estaba demasiado centrada.
—¿Sabría decirme si es o no es humano?
Mis manos están temblando. Las palmas de las mismas, sudando. Me araño el dorso con las uñas.
Verá, esto no es fácil para mí, señorita —dice, casi tartamudeando—. No quiero que el FBI me silencie a la fuerza, ¿de acuerdo?
—¿De qué está hablando?
—Sé cómo funcionan estas cosas. He visto un montón de series de televisión. He visto películas. En cuanto entregue mi informe, lo archivarán todo como material clasificado y me quitarán de en medio.

Una sonrisa aflora en mis labios. No le encuentro la gracia, pero estas muestras de ingenuidad logran hacerlo todo más fácil.
—Le obligarán a firmar unos documentos. Eso es todo. Se comprometerá a no hablar jamás sobre esta autopsia. Si lo hace, activará una campaña de descrédito contra su persona que acabará con su carrera profesional. Pero ahí acabará la cosa.
—¡¿Ahí acabará la cosa?! ¡¿Le parece poco, señorita?!
—Seguirá llevando su vida tal cual la ha llevado hasta ahora. Sólo tendrá que ser un poco discreto con esta cuestión.
—Se me acaba de terminar el sentido del humor de repente—. ¡Así que deje de joderme!
Me arrepiento de mis modales al segundo siguiente de exhibirlos. Este tipo ya ha tenido suficiente. Yo, mejor que nadie, sé lo que es pasarse toda la noche trabajando en estas cosas. No merece este trato.
—Lo siento, señor… eh…
—Romana
.
Lo sabía.
—Señor Romana —prosigo diciendo—, pero todo esto es muy duro para mí. El sujeto fue durante mucho tiempo mi…
—Amante, sí.
—Amante, no. Compañero. Y no esa clase de compañero que se está pensando. ¿De acuerdo? Y ahora, no sólo está muerto, sino que…
—No es humano.
—Vaya, al fin lo ha dicho.
—Es la hora de ponerse seria. Ya no hay tiempo para melancolías. A pesar de que yo tendría que haber muerto antes que él—. Muy bien, en unas horas vendrá un equipo cualificado para llevarse el cuerpo. Entrégueme su informe y asegúrese de no quedarse con ninguna copia. ¿Lo ha entendido?
El forense se queda un tanto confundido ante mi flagrante e inesperada autoridad.
Oiga, señorita, ¿podría saber al menos a quién le he hecho la autopsia? Y ya puestos, ¿podría enseñarme otra vez su identificación federal?
Le muestro mi identificación.
El tipo mira mi foto y luego a mí.
Le queda mejor el pelo corto —opina—, señorita… Scully.
—Mulder, Fox Mulder
—le digo.
—¿Disculpe?
—Es el nombre del extraterrestre al que acaba de autopsiar.
.
.
Por Antonio Runa.
.
Leer la revista Nexus 2012 enriquece: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm
No pasa nada si lees las cosas más de una vez.