Por Miguel Ángel Maca
Contrario al berrinche incomprendido del niño al que se le niega el juguete de su último y más reciente sueño, que será sustituido por el del pasillo siguiente, el disgusto del hipocondríaco lejos del destierro con el descubrimiento de un nuevo peligro, se añade en un suma y sigue a la enciclopedia médica personal, a todos transferible y solo compartida entre los que agraciados con la virtud de la paciencia, escuchan y administran el placebo que otras veces funcionó.
En un imperial "Divide et vinces" de polos iguales, se impide y desaconseja la unión de aprensivos, descargando en la casualidad toda culpabilidad del melodrama producido cuando raramente se juntan dos de la misma condición.
En mi caso, engordando la estadística, tuve en suerte de arrimarme a la fortaleza, disimulando entre su aguante al sufrimiento mi flaqueza ante la enfermedad y la fobia y terror a los médicos; acompañado por mi mujer y en un derroche de valor, he logrado incluso salir andando victorioso de una analítica.
Y es lo que siempre digo cuando me sale el instinto paternal hacia mi camada:
"Si algo tiene que suceder a los niños, que le pase a su madre".
Al igual que la luciérnaga es atraída por la luz, el foco del que nos nutrimos los aprensivos son las conversaciones y datos publicados, que nos aportan la dosis de inmunidad que necesitamos para esconder el pavor a caer enfermos bajo los efectos de algo que desconocemos.
Al parecer “Aniceto” tiene la particularidad de vivir con nosotros durante años sin que nos enteremos, en nuestra piel, en prendas de ropa, etc...; viaja sin pagar billete y siendo la inofensiva compañía, en un ataque de rabieta que quien entiende a estos bichos, puede ser mortal.
Lo peor de mi reciente descubrimiento es que los científicos se han dormido en los laureles y que confiados en tener dominadas toda clase de bacterias con los socorridos y auto recetados antibióticos se dan de bruces con un arma de destrucción masiva en nuestro organismo, que se pone a tocar las pelotas en el peor de los momentos, que no es otro que estando bajos de defensas.
Por supuesto, me preocuparé por vosotros y os veré utilizando la maravillosa tecnología 3G, que hasta que se demuestre lo contrario, no se conocen casos de propagación por las ondas.
Si soy yo el que cayera enfermo os eximo de semejante calvario, que aunque ahora se os antoje alarmante, me agradeceríais si supierais lo fácil que es cogerlo.
Que paséis feliz enfermedad y si a alguno le toca en suerte