jueves, 4 de diciembre de 2008

EL MISTERIO Y YO


Por Antonio Runa

No te enfades con el Misterio, que él no tiene la culpa”.
Más o menos ése fue el consejo que me dio alguien que se fue pero volvió, hace muy poco, al mundo del Misterio, y que se conoce esta obra de sobra, a los músicos y, de haberlo, hasta al compositor. Como si ya pudiera intuir que me encontraría un buen día con ciertas dificultades en mi avanzar por este mundillo, y que al mirar abajo encontraría mis pies enterrados en barro.
Pero yo ya venía de un buen enfurruñamiento con el Misterio de varios años, efecto secundario de una recta final hacia el suicidio por culpa de la ouija, que no acabó en tal, porque soy de mente lúcida la mayor parte del tiempo, y sólo una buena rubia de ojos azules puede sacarme de los peores quicios, pero esta historia sórdida ya la contaré cuando llegue el momento. La de la ouija, no la de la rubia, que la quiero a rabiar y como este texto se malinterprete podría darme invitaciones para un mes de noches de frío sofá, que no quiero ni en broma.
Pero es que en este mundo hay cada gilipollas…
Huy, lo siento. No sé qué me ha pasado. Luego viene mi representante, que también es mi editor, y que resulta ser una rubia de ojos azules con demasiado poder sobre la satisfacción de mi vida sexual y me dice que, con lo bien que escribo y tal, pongo demasiados tacos. Yo le salgo siempre con Cela, Pérez-Reverte, Gaiman o hasta Pratchett, pero suele responderme que no le venga con paridas. Huy, éste también se me ha ido.
Pero los hay…
Por eso tengo que ceñirme a la filosofía de Norman Pineda. Y ahora la pregunta es, ¿quién es Norman Pineda?
Digamos que conocí a Norman en otros foros (que uno no está metido en un solo hobby, a decir verdad). De hecho coincidí con él en uno de video-juegos, cuando yo aún creía en esas cosas, un poco antes de que la PS3 matase a cuchilladas traperas a su predecesora y la Crisis y su precio me expulsaran a patadas de ese mundo; y también en otro foro de cómics Marvel.
Inevitablemente, nos hicimos amigos. Mantuvimos conversaciones eternas por msn durante un tiempo. Luego se fue a otro estado de los States y le perdí la pista.
Norman podía presumir de haber estado en un set de Star Wars, ataviado con un traje diseñado expresamente para él, después de haber estado durante dos horas y media frente a un espejo para que le maquillaran a conciencia y llenaran su fofa cara con látex y pintura en aerosol. Me envió una veintena de fotos en las que salía con otros alienígenas como él de una galaxia muy, muy lejana. Consiguió un autógrafo de Hayden Christensen (sabía qué papel interpretaba, pero no tenía ni idea de quién era ese chaval, y ya pensó que no era muy Vader que se dijera). En teoría, Norman debería salir en la escena de la cantina del Episodio II, El Ataque de los Clones. Según él, hay un segundo de metraje en el que puede situarse más o menos en el escenario, pero no logra verse ni con pausa de DVD.
Pero la experiencia valió la pena, y ahora es la envidia de un montón de frikis de la saga de George Lucas.
Pero él no era un friki de la saga de George Lucas en aquellos días. Su fascinación por la doble trilogía vino después.
El caso es que mientras estaba allí, inmerso en ese planeta extraterrestre, en la capital de la República, con Jedis correteando por ahí en busca de un fugitivo metamorfo, él se sentía fuera de lugar. Y no quiso en ningún momento mezclarse del todo. Quiso destacarse como alguien que podía aportar algo, sin necesidad de inmiscuirse plenamente en la mecánica de ese universo.
Más o menos, como Miguel Ángel Maca y yo queremos mantenernos en el mundo del Misterio. Y esto nos condena, por supuesto, a un puesto que aún no sabemos concretar, porque venimos a una mesa a jugar a un juego distinto, con unas cartas de otra baraja y despreciando las reglas impuestas.
Porque la mayoría de la gente que se sienta en esta mesa, con este crupier, juega para agradar a los otros jugadores. Nosotros queremos agradar a los que están fuera de la mesa, observando la partida con atención. En realidad, es un error llamarnos a nosotros mismos jugadores.
Ahora soy Norman Pineda (donde quieras estar, amigo mío, vuelve a dar señales de vida). Soy un nautoliano, un droide o un qué-sé-yo, mezclado con otros vete-tú-a-saber, pero no soy uno de ellos. No exactamente.
Seguramente así me evitaré un montón de problemas.
Y el otro montón, pues, obviamente no.


Lee la revista Nexus 2012: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm
En serio, léela.