domingo, 4 de enero de 2009

CONFESIONES A LAS 5:14 DE LA MADRUGADA




ADVERTENCIA: La imagen no tiene nada que ver con el texto. En teoría.



Por ANTONIO RUNA



Hasta hace poco, tenía otro blog en el que podía escribir lo que me diera la gana. Venía a las tantas de la madrugada y escribía lo primero que me pasara por la cabeza, estuviera bebido o no. Técnicamente, aún tengo ese blog.
Hace unos días, una persona cuyo criterio tengo muy en cuenta me dijo que el nuevo blog en el que escribo, el “Nexo 2001 ése” (Señor, ¿en qué me he equivocado?), era muy aburrido; “en él escribía como un robot”. Educado, protocolario, políticamente correcto incluso cuando intento no ir de eso precisamente. Ya no era el tipo que solía ser mordaz por necesidad. Ahora me había convertido en un coñazo supino.
Quizá por eso, y como tengo la sensación de que este anexo no lo lee todo el mundo que lee Nexus MMXII y tampoco es que me importe mucho, voy a hacer lo que habitualmente no hago: Confesarme. No de los pecados que haya cometido, que dependiendo de quién opine, pueden ser muchos o quizá no tantos, hablando comparativamente. Pero confesarme, a fin de cuentas. Más como en la consulta de un loquero que en el confesionario de un cura.
Quizá no sea algo propio de un Jiménez en la Ser o un Blanco en RNE, aunque seguro que les gustaría, y puede que precisamente por eso, yo que puedo debería hacerlo. Porque cuando “nadie te escucha” o “nadie te lee” deberías intentar llegar a tu “supuesto público” con palabras honestas y francas. Confraternizando a base de dejar claro una y otra vez que, nos pongamos como nos pongamos, no hay diferencia entre los que teóricamente nos leen y nosotros, y gracias a esta condición, mi mensaje será más fácilmente entendible.
Pues bien, son las tantas de la madrugada y llevo una especie de medio-pedo interesante, y necesito confesarme. Estoy leyéndome la novela de Warren Ellis (el único guionista de cómics que ha entendido que no debe fallar a su público a base de novelones pretenciosos, intentando destacar en otros medios que no son el suyo natural, y aquí aprovecho para darle una colleja a Gaiman, Moore, Straczynski, Mignola y otros tantos), con una partida rolera a medio hacer para mañana cuyo DJ resulto ser yo precisamente, habiéndome indignado un poquitín al haber escuchado hace nada lo poco que sabe Juanje Vallejo acerca de samuráis (alabando como mejor exponente cinematográfico de lo que significa el código bushido “El último samurai” protagonizado por Tom Cruise) y tras provocar un incidente matrimonial entre unos amigos del alma y dar calabazas a un pibón porque mi novia estaba delante (y no soy ningún puto samurai).
Demonios, esta noche he deseado ser otro sin dejar de ser yo. O dejar de ser yo, habiéndome convertido en otro… O qué sé yo.
No sé cómo decirlo.
Llevo más de 2650 caracteres y no sé cómo decirlo.
Será mejor que lo diga y punto.
El número de Enero de Nexus 2012 no me gusta un pelo.
Tal y como me advirtió un David que otro que yo me sé, y él también se sabe, no tenía que fiarme de algún Paquito que otro cuya entrevista para esta semana, que ya no llegará ni de coña, llegará para las próximas.
Lo de Colin Rivas va para largo. Algún día lo contaré. No lo prometo, no obstante.
Y en cuanto a las otras…
Es el momento de confesarse un poquito menos, que ya me estoy lanzando. Pues eso, que a mi parecer, este número 4, mucho menos esotérico con todo lo que eso conlleva, ha resultado ser el más flojo de cuantos hemos colgado. Y le hecho la culpa a las malditas Navidades. Oh, sí, las mismas que nos quitan tiempo para prácticamente todo salvo compromisos que preferiríamos eludir. Las mismas que como buenas noticias, nos traen kilogramos que nuestros cuerpos no necesitan, gastos que nuestras cuentas corrientes no deberían permitirse y nos prometen horas de recuperación de sueño, colocándonoslas en horarios intempestivos y a cuentagotas, engañándonos como niños que creen en los Reyes Magos pero sin la emoción ni la compensación de esa estupenda, maravillosa y desgraciadamente limitada religión infantil. Y a pesar de todo, sin las vacaciones pertinentes, ni siquiera hubiéramos colgado lo que hemos colgado, que por tanto ya es bastante, dadas las circunstancias.
O sea, que viva la Navidad, o por lo menos, las vacaciones.
¿Cuándo íbamos a empezar a ganar dinero con esto? ¿Cómo? ¿Seguro? ¡Demonios! Espero seguir teniendo este entusiasmo los meses siguientes.
Escribir una entrada en diez minutos no está nada mal.
A lo mejor hay que empezar a salir más de marcha por ahí.
...