
Por Antonio Runa
Conocer gente a través de Internet trae tantas cosas buenas como malas. Normalmente suelo dejar que mi instinto me dicte en qué dirección tirar cuando conozco a alguien.
Las cosas como son, unas veinte horas de conversación vía Messenger, una docena de mails y varias llamadas telefónicas deberían ser suficientes para hacernos una idea más o menos acertada de alguien. Y si luego llegan, como llegaron, un par de cenas en restaurantes y una noche de copas, nuestro instinto debería estar muy despistado si no sabemos “calar” a alguien.
Pues según esto, mi instinto no atraviesa sus mejores días, parece ser.
Pero bueno, todos nos guardamos alguna carta en la manga. Aunque sea de otra baraja.
Ernesto Astrada ha sido una decepción para mí.
Se ha estado dedicando a hacer críticas negativas acerca de Nexus 2012, dejándonos en mal lugar a los que trabajábamos en ella, especialmente a mí, y no creo que dejara ni a uno solo de nuestros entrevistados libre de ataques totalmente injustificados. De tal guisa que ahora no soy capaz de encontrar respuesta a la pregunta: ¿Y para qué colaboraba con nosotros, entonces?
El artículo del “experimento diferente con la ouija” le quedó muy gracioso, así como el que ha hecho de la Isla de San Borondón, que incluiremos en el siguiente número de la revista, se ponga como se ponga. Será su despedida. Más pasado por la quilla que por la puerta de atrás. Pero no llegó a ponerse en contacto nunca con las personas cuyos mails le pasamos. Lo cual, dadas las circunstancias, casi cabe agradecer, porque ahora nosotros podemos hacer lo que él no quiso por pura pereza. Después nos contó historias que, a toro pasado, se me antojan harto extrañas, pero en su momento no tenía razón para dudar de ellas. El caso es que nadie le respondía por esto o aquello. Y hubo uno que le “contestó” de mala manera. Con respecto a esto aún no puedo hablar, porque antes debo confirmar todos los datos que tengo sobre la mesa. Pero el caso es que logró “envenenarnos” hacia dos personas, incluso modificando nuestro enfoque de ellas, y todo por pura diversión.
Supongo que ha sido nuestra segunda novatada.
Pero, tal y como decía V en su vendetta escrita para el papel por Alan Moore, y que nada tiene que ver con la que se llevó a la pantalla grande:
“Imagina cuando me enteré… Mi furia y mi vergüenza al saber que se habían burlado de cuanto yo amaba. Mi justicia y su bestial galán, retozando entre sábanas manchadas de sangre”.
“Pero todo vale en el amor y la guerra, dicen. Y al ser esto ambas cosas, aún con más razón. “Aunque debo llevar cuernos, no será una corona que luzca en solitario”.
“Verás, mi rival, aunque dado a tontear, tenía una esposa a la que adoraba. Maldecirá su promiscuidad, el malvado que me robó a mi único amor, cuando al fin sepa que desde hace años… yo me acuesto con el suyo”.
Y, en efecto, una ristra de mails contraproducentes cayó en mis manos. Gente que, estando en principio más de su parte que de la mía, me pusieron en antecedentes en aras de la verdad y el honor.
El resto ha sido una visita sorpresa a su piso, un dedo acusador muy cerca de su rostro y un “no se volverá a repetir”.
Ah, y para acabar, yo mejoraría como mínimo mi ortografía, Ernie… En serio, mirar tus escritos originales, duele. Y eres un mal imitador de esa época que yo dejé atrás con el Diario de un supervillano.
Dicen que conviene tener a tus amigos cerca y a tus enemigos, aún más cerca. Contigo haremos la excepción.
Las cosas como son, unas veinte horas de conversación vía Messenger, una docena de mails y varias llamadas telefónicas deberían ser suficientes para hacernos una idea más o menos acertada de alguien. Y si luego llegan, como llegaron, un par de cenas en restaurantes y una noche de copas, nuestro instinto debería estar muy despistado si no sabemos “calar” a alguien.
Pues según esto, mi instinto no atraviesa sus mejores días, parece ser.
Pero bueno, todos nos guardamos alguna carta en la manga. Aunque sea de otra baraja.
Ernesto Astrada ha sido una decepción para mí.
Se ha estado dedicando a hacer críticas negativas acerca de Nexus 2012, dejándonos en mal lugar a los que trabajábamos en ella, especialmente a mí, y no creo que dejara ni a uno solo de nuestros entrevistados libre de ataques totalmente injustificados. De tal guisa que ahora no soy capaz de encontrar respuesta a la pregunta: ¿Y para qué colaboraba con nosotros, entonces?
El artículo del “experimento diferente con la ouija” le quedó muy gracioso, así como el que ha hecho de la Isla de San Borondón, que incluiremos en el siguiente número de la revista, se ponga como se ponga. Será su despedida. Más pasado por la quilla que por la puerta de atrás. Pero no llegó a ponerse en contacto nunca con las personas cuyos mails le pasamos. Lo cual, dadas las circunstancias, casi cabe agradecer, porque ahora nosotros podemos hacer lo que él no quiso por pura pereza. Después nos contó historias que, a toro pasado, se me antojan harto extrañas, pero en su momento no tenía razón para dudar de ellas. El caso es que nadie le respondía por esto o aquello. Y hubo uno que le “contestó” de mala manera. Con respecto a esto aún no puedo hablar, porque antes debo confirmar todos los datos que tengo sobre la mesa. Pero el caso es que logró “envenenarnos” hacia dos personas, incluso modificando nuestro enfoque de ellas, y todo por pura diversión.
Supongo que ha sido nuestra segunda novatada.
Pero, tal y como decía V en su vendetta escrita para el papel por Alan Moore, y que nada tiene que ver con la que se llevó a la pantalla grande:
“Imagina cuando me enteré… Mi furia y mi vergüenza al saber que se habían burlado de cuanto yo amaba. Mi justicia y su bestial galán, retozando entre sábanas manchadas de sangre”.
“Pero todo vale en el amor y la guerra, dicen. Y al ser esto ambas cosas, aún con más razón. “Aunque debo llevar cuernos, no será una corona que luzca en solitario”.
“Verás, mi rival, aunque dado a tontear, tenía una esposa a la que adoraba. Maldecirá su promiscuidad, el malvado que me robó a mi único amor, cuando al fin sepa que desde hace años… yo me acuesto con el suyo”.
Y, en efecto, una ristra de mails contraproducentes cayó en mis manos. Gente que, estando en principio más de su parte que de la mía, me pusieron en antecedentes en aras de la verdad y el honor.
El resto ha sido una visita sorpresa a su piso, un dedo acusador muy cerca de su rostro y un “no se volverá a repetir”.
Ah, y para acabar, yo mejoraría como mínimo mi ortografía, Ernie… En serio, mirar tus escritos originales, duele. Y eres un mal imitador de esa época que yo dejé atrás con el Diario de un supervillano.
Dicen que conviene tener a tus amigos cerca y a tus enemigos, aún más cerca. Contigo haremos la excepción.
.
.
.
Este anexo corresponde a la revista de misterio Nexus MMXII: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm