domingo, 1 de febrero de 2009

IGNORANCIA SUPINA


Por ANTONIO RUNA

Mira que me cuesta creer que tenga algún tipo de responsabilidad con respecto a la divulgación del misterio, que deba tener cuidado con lo que digo o dejo de decir, pero en ocasiones como esta misma noche, por ejemplo poner y a bote pronto, no tengo más remedio que replanteármelo.
Ha sido una de esas noches típicas de salir a tomar unas copas con los amigos, que han acabado siendo más copas que amigos, pero ésa es otra cuestión, y en momento determinado de la noche, alguien sale (y juro que no yo) con todo el asunto de Nexus MMXII. Una persona, tercera, para más INRI, a la que he saludado en un par de ocasiones, amiga de un amigo de un amigo o algo así, cuyo nombre imposiblemente podría recordar pero cuyo rostro me sonaba de algo, aunque tampoco de tanto, me sale con ésas de: “Ah, pero, ¿tú estás metido en eso del misterio?”. Lo siento mucho, pero todavía no me siento lo suficientemente implicado como para responder un sí categórico; así que mi respuesta ha sido un “más o menos, sí”.
Pero, a tales efectos, casi ha sido como un sí categórico.
La chica en cuestión me ha soltado una retahíla que, desde luego y no os quepa ninguna duda, no me apetecía oír en ese momento; en la que salieron a relucir experiencias en casas rurales con intentos de contacto con espíritus y psicofonías (la chica hablaba de las psicofonías como si fueran entidades en sí mismas). Yo, las cosas como son, asentía con la cabeza y seguía a lo mío. Estaban poniendo en el sitio en cuestión, una canción de Dance Or Die que me encantaba, lo que significa que no estaba prestando toda la atención que debiera. Pero, en ésas que me suelta la “Little Boy”, la “Fat Man”, el rayo de la Death Star que se cargó Alderaan y hasta su santísima madre, revelándome la más estúpida de las confesiones que he tenido la desgracia de escuchar en lo que llevo de año (aunque, dadas las circunstancias, pareciere que no tiene mucho mérito, pero es que escucho cada gilipollez…). Y la confesión fue: “Yo, es que no sé jugar a la ouija, y como que me apetece probar y tal…”
Supongo que en tales tramas, habrá ciertos de vosotros que os creáis capacitados para instruir, aconsejar y aleccionar en la dirección correcta que, en semejantes eventos, llevarían a un “déjate de tonterías, amor, no vaya a ser que vaya a ser”. Pero yo no estaba para tales naderías. Así que, a la forma de Umbrales y Fernán-Gómez´s, que la he mandado a la más lejana mierda sin pronunciar tal palabroto, aconsejando u ordenando o hasta exigiendo que se dejara de juegos que no son juegos en lo más mínimo, no vaya a ser que nos privara de su, por otra parte, total y prescindible presencia en noches de 31 de Enero. Y hasta 32, si llegare el caso.
No puedo con la tontería.
¿A quién le debemos echar la culpa? ¿A los divulgadotes del misterio? ¿A los divulgadores de lo que no es misterio? ¿A papá y mamá, el amigo del cole, el hermano mayor, el vecino del sexto o el fulano de ese blog pueril que sólo los amigotes leen, y por encima?
Supongo que no son formas. Pero ahora mismo me veo habiendo salvado una vida del suicidio sorpresa, la posesión casual y el poltergeist de como quien no quiere la cosa.
Como decía mi [familiar que más me conviene no nombrar]: “Más vale un cachete a tiempo, que una paliza a destiempo”.
A lo mejor es que cuesta una barbaridad informarse en torno a estas cuestiones inaccesibles del misterio y tal.
Y es que hay gente para todo.
O, a lo mejor, es que yo soy un cabrón.