martes, 10 de febrero de 2009

Nunca es tarde para nada


Por Antonio Runa

Su amigo el doctor colocó la radiografía en el panel.
—Es justo ahí –dijo—, ¿lo ves? Junto a la médula espinal.
—Es muy pequeño.
—No importa el tamaño. Importa que está ahí. Si lo hubiéramos descubierto antes…
—No me jodas, Isaac; ¿cuánto tiempo me queda?
El buen doctor se miró la punta de sus zapatos.
—Yo no apostaría por que vieras el final del verano.

Más o menos fue así como Mario se enteró de que estaba muriéndose.

Es curioso, justo en ese momento en que Mario había empezado “oficialmente” a morirse, es cuando de verdad empezó a vivir. Sabiendo que le quedaban meses de vida, se preocupó de que esos meses fueran realmente buenos. Por ejemplo, siempre quiso ver Borneo. Pues bien, cuando habló conmigo sobre esta cuestión, hace ya un tiempo, tenía en su bolsillo un billete de avión. Había sido caro, pero el concepto de ahorro, en ese instante de su vida, no tenía el mismo sentido que antes.
Me enseñó el billete y una sonrisa. De alguna manera, sentí envidia de él.
Al día siguiente a mí me podría haber atropellado un camión; hubiera tenido menos tiempo que él todavía, pero no lo sabía. Ningún médico me garantizó que no vería el final del verano. De haber sido así, hubiera dicho: “Espera, que me voy contigo”.

El problema de muchos es que no tienen la excusa de un tumor para sacar todo el dinero del banco y gastárselo en todo lo que siempre han querido hacer. Pero al menos, ellos vieron el final de ese verano, y verán el final de este invierno. Aunque nunca debes creerte a pies juntillas los pronósticos mortales de un médico. Por alguna razón, tienen un margen de error del 34%. Lo he leído en alguna parte.
Todo el mundo debería hacer una lista de las cosas importantes que quiere tener resueltas antes de morir. Y debería llevarlas a cabo en la siguiente década. Si bien es probable que un camión les pase por encima la semana que viene y sólo puedan empezar a hacer esas cosas, conviene tener la mayoría de esas empresas más o menos resueltas antes de los 50.
Debe de ser una sensación terrible verse a uno mismo con setenta y muchos, incapaz de hacer determinadas cosas, y ver que no ha acabado ninguno de sus proyectos.
Sé que el Tiempo os asfixia a muchos. Que lo veis pasar sin detenerse y ya os parece tarde para un montón de cosas. Cada segundo que transcurre, es un segundo menos que tenéis, y sois un segundo más viejos. Pero seguramente subestimáis vuestras capacidades, pues sobre seguro que podéis alcanzar la mayor parte de vuestras metas marcadas.
A veces el problema es no marcarse metas.

Mario vio el final de ese verano. Ningún camión la tomó conmigo.
Posiblemente Mario vea también el final de este invierno. Y yo, hasta hoy, me llevo estupendamente con los camiones.

Pero él sigue viviendo su vida lo más intensamente posible. Su cuenta bancaria está tiritando, pero qué nimiedad como ésa puede arruinar una vida. El caso es que Mario se siente mejor que nunca. La medicina profesional le metió el miedo en el cuerpo y le instó a darse por muerto antes de tiempo. No podía hacer esto, no podía hacer lo otro, debía andarse con cuidado todos los días de su vida…
En la siguiente revisión, y de esto hace sólo unos meses, su amigo el buen doctor que le dio la noticia, le auguró entre seis y diez meses de vida. El margen de tiempo ya se había ampliado considerablemente.
Para la próxima revisión, bien puede que le pronostiquen dos o tres años de vida.
Pero eso no es lo importante, lo importante es: ¿Se necesita una mala noticia acerca de lo precaria que es la vida y la debilidad de nuestros cuerpos, para vivir de verdad?
Más que pensar en la muerte, hay que pensar en la vida.


Este anexo corresponde a la revista de misterio Nexus MMXII: http://nexusmmxii.iespana.es/index.htm

domingo, 1 de febrero de 2009

IGNORANCIA SUPINA


Por ANTONIO RUNA

Mira que me cuesta creer que tenga algún tipo de responsabilidad con respecto a la divulgación del misterio, que deba tener cuidado con lo que digo o dejo de decir, pero en ocasiones como esta misma noche, por ejemplo poner y a bote pronto, no tengo más remedio que replanteármelo.
Ha sido una de esas noches típicas de salir a tomar unas copas con los amigos, que han acabado siendo más copas que amigos, pero ésa es otra cuestión, y en momento determinado de la noche, alguien sale (y juro que no yo) con todo el asunto de Nexus MMXII. Una persona, tercera, para más INRI, a la que he saludado en un par de ocasiones, amiga de un amigo de un amigo o algo así, cuyo nombre imposiblemente podría recordar pero cuyo rostro me sonaba de algo, aunque tampoco de tanto, me sale con ésas de: “Ah, pero, ¿tú estás metido en eso del misterio?”. Lo siento mucho, pero todavía no me siento lo suficientemente implicado como para responder un sí categórico; así que mi respuesta ha sido un “más o menos, sí”.
Pero, a tales efectos, casi ha sido como un sí categórico.
La chica en cuestión me ha soltado una retahíla que, desde luego y no os quepa ninguna duda, no me apetecía oír en ese momento; en la que salieron a relucir experiencias en casas rurales con intentos de contacto con espíritus y psicofonías (la chica hablaba de las psicofonías como si fueran entidades en sí mismas). Yo, las cosas como son, asentía con la cabeza y seguía a lo mío. Estaban poniendo en el sitio en cuestión, una canción de Dance Or Die que me encantaba, lo que significa que no estaba prestando toda la atención que debiera. Pero, en ésas que me suelta la “Little Boy”, la “Fat Man”, el rayo de la Death Star que se cargó Alderaan y hasta su santísima madre, revelándome la más estúpida de las confesiones que he tenido la desgracia de escuchar en lo que llevo de año (aunque, dadas las circunstancias, pareciere que no tiene mucho mérito, pero es que escucho cada gilipollez…). Y la confesión fue: “Yo, es que no sé jugar a la ouija, y como que me apetece probar y tal…”
Supongo que en tales tramas, habrá ciertos de vosotros que os creáis capacitados para instruir, aconsejar y aleccionar en la dirección correcta que, en semejantes eventos, llevarían a un “déjate de tonterías, amor, no vaya a ser que vaya a ser”. Pero yo no estaba para tales naderías. Así que, a la forma de Umbrales y Fernán-Gómez´s, que la he mandado a la más lejana mierda sin pronunciar tal palabroto, aconsejando u ordenando o hasta exigiendo que se dejara de juegos que no son juegos en lo más mínimo, no vaya a ser que nos privara de su, por otra parte, total y prescindible presencia en noches de 31 de Enero. Y hasta 32, si llegare el caso.
No puedo con la tontería.
¿A quién le debemos echar la culpa? ¿A los divulgadotes del misterio? ¿A los divulgadores de lo que no es misterio? ¿A papá y mamá, el amigo del cole, el hermano mayor, el vecino del sexto o el fulano de ese blog pueril que sólo los amigotes leen, y por encima?
Supongo que no son formas. Pero ahora mismo me veo habiendo salvado una vida del suicidio sorpresa, la posesión casual y el poltergeist de como quien no quiere la cosa.
Como decía mi [familiar que más me conviene no nombrar]: “Más vale un cachete a tiempo, que una paliza a destiempo”.
A lo mejor es que cuesta una barbaridad informarse en torno a estas cuestiones inaccesibles del misterio y tal.
Y es que hay gente para todo.
O, a lo mejor, es que yo soy un cabrón.